54 55 pioneros de la minería moderna en el perú creó el Departamento de Investigaciones Metalúrgicas, incorporando para ese fin al mejor personal calificado a nivel mundial. La dirección estuvo a cargo de T.E. Harper Jr. y la superintendencia de R. Spilsburry, que añadieron las líneas de bismuto refinado y de una aleación de plomo-bismuto, muy requerido entonces por la industria del maquillaje, producción que ayudó a la empresa a sortear la crisis global de 1929. Otro hecho importante fue la inauguración del Laboratorio de Espectografía en 1940, que identificaba con mucha exactitud la composición del mineral por los espectros de luz que irradiaba cuando era sometido a ese análisis. Esa información permitía tomar decisiones respecto del minado y el mejor tratamiento metalúrgico del concentrado. Con el tiempo los mejores profesionales en ingeniería, geología, metalurgia, laboratorio e investigación postulaban desde los distintos rincones del mundo atraídos por el prestigio de la compañía y por una posibilidad real de desarrollo profesional. Y esto no resultó de la casualidad. Por la concentración tan diversa de minerales en la región centro, el Complejo Metalúrgico de La Oroya terminó convirtiéndose en un centro de investigación y de producción tecnológica, dedicada al estudio de los minerales polimetálicos en laboratorios que eran envidiados en los cinco continentes. Allí se crearon procesos únicos para producir los metales de más alta pureza del mineral que extraían del corredor y que eran muy reconocidos en el mundo. De solo tres líneas de producción, en las que se refinaba por separado el cobre, plomo y zinc, previo paso por la fundición, los concentrados eran pasados nuevamente, hasta dos o tres veces, por procesos de recuperación que permitían producir más de dos docenas de metales de alta pureza. Es que el complejo metalúrgico profundizó el conocimiento de las características polimetálicas de la región y, en base a ciencia e innovación, creó estos procesos para generar el máximo valor. En ese sentido, hay que entender que La Oroya era una refinería diseñada para tratar específicamente los minerales de la sierra central del Perú. A los principales productos como el cobre, plomo y zinc se sumaban, entre otros, el indio, cadmio, selenio, teluro, plata, oro, bismuto y otras aleaciones que eran comercializadas principalmente como insumos de la industria internacional. Incluso se produjo también alambrón de cobre con propósitos industriales. Por otro lado, cabe recordar que, antes de la llegada de la Cerro de Pasco, el Perú era un país casi sin industrias, tan es así que las grandes ciudades del país, a excepción de Lima y Arequipa, carecían de electricidad. El Estado no había buscado alternativas energéticas perdurables y más económicas para sustituir el carbón como principal fuente de energía, pese al potencial en la vertiente occidental de nuestra serranía para proyectos hidroeléctricos. Producto de la demanda de energía de sus minas y, especialmente, del nuevo complejo metalúrgico, la Cerro de Pasco construyó la Central Hidroeléctrica La Oroya y, con los años, fue incrementando su potencia eléctrica añadiendo la central de Pachachaca y otras como las de Malpaso y Yaupi. Y cuando compró Casapalca interconectó al sistema la central Bellavista. Para completar el circuito tendió cerca de 141 kms. de vías de transmisión, haciendo que la energía de estas centrales se diversificara en una serie de líneas. Hacia 1960, la primera línea unía Bellavista, Casapalca, Morococha, Pachachaca y La Oroya. La segunda vía partía de Pachachaca y pasaba por Pomacocha y San Cristóbal; otro ramal se extendía desde La Oroya a Malpaso y de allí a Goyllarisquizga, anexando otra subsidiaria hacia Paragsha; y la última era la línea de La Oroya a Yaupi, que incluía la subestación de Carhuamayo que, además, beneficiaba a los pueblos de Yuncán y Paucartambo. Para entonces, el sistema eléctrico de la Cerro de Pasco Corporation era el único independiente en las cercanías de Lima y tenía una capacidad comparable al de las Empresas Eléctricas Asociadas. POR LA CONCENTRACIÓN TAN DIVERSA DE MINERALES, EL COMPLEJO DE LA OROYA TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN UN CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y DE PRODUCCIÓN TECNOLÓGICA.
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