
Lima, 30 de septiembre de 2026. Perú y Chile producen conjuntamente alrededor de 8 millones de toneladas métricas de cobre al año, pero apenas cerca del 20% corresponde a cobre refinado, mientras que el 80% restante sale como concentrado y una parte importante tiene como destino China para su transformación.
Así lo señaló Juan Carlos Ortiz, presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), durante su participación como panelista en el último Jueves Minero, denominado “Minería e infraestructura digital en la era de la inteligencia artificial: minerales críticos, sostenibilidad y energía”.
“Entre Chile y Perú tenemos una producción aproximada de 8 millones de toneladas métricas de cobre al año y, de esos 8 millones de toneladas, alrededor del 20% es cobre refinado. El 80% sale en forma de concentrados y usualmente gran parte de estos concentrados tiene como destino final China para ser transformados”, explicó.
Ortiz sostuvo que esta situación evidencia la elevada concentración existente en la etapa de transformación de los minerales. En ese contexto, recordó que China ha desarrollado durante los últimos años una importante capacidad de refinación de cobre, zinc, plomo y tierras raras, mientras otras economías han reducido o postergado inversiones en este tipo de instalaciones.
El presidente del IIMP advirtió que depender excesivamente de un solo mercado para transformar los concentrados puede reducir la capacidad de negociación de los países productores ante eventuales cambios en las condiciones internacionales.
“Depender de un solo lugar es estar cautivo en un mercado con poca capacidad de negociación cuando las cosas cambien y no sean tan fáciles”, afirmó.
Refinación enfrenta altos costos
Ortiz explicó que uno de los principales obstáculos para desarrollar una mayor capacidad de refinación es la diferencia de rentabilidad entre la operación minera y el procesamiento final de los metales.
Según indicó, mientras un proyecto minero puede alcanzar retornos de entre 15% y 20%, e incluso superiores en determinadas coyunturas de precios, las refinerías de metales como cobre, zinc o aluminio suelen registrar retornos cercanos al 4% o 5%.
Esta diferencia, señaló, ha llevado a que los inversionistas prioricen el desarrollo de nuevas minas frente a la construcción o modernización de instalaciones de refinación.
Asimismo, estimó que para transformar una mayor proporción de los concentrados producidos por Perú y Chile se requeriría una capacidad equivalente a unas 15 o 20 grandes refinerías, una alternativa que consideró difícil de implementar debido al alto consumo de agua y energía, las exigencias ambientales y los elevados requerimientos de capital.
Nuevas tecnologías
Ante este escenario, Ortiz consideró que una alternativa pasa por impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan convertir concentrados de cobre en cobre refinado con menores costos de inversión.
Entre estas opciones mencionó procesos vinculados con la hidrometalurgia y otras tecnologías actualmente en desarrollo, que podrían reducir la necesidad de construir grandes refinerías tradicionales.
“Creo que la salida que queda es buscar desarrollos tecnológicos que permitan transformar concentrados de cobre hacia cobre refinado, vía tal vez hidrometalurgia o algunas otras tecnologías en desarrollo”, señaló.
Añadió que contar con una mayor capacidad de transformación permitiría atender la demanda de la industria local y, al mismo tiempo, diversificar la cartera de compradores internacionales, disminuyendo la dependencia de un solo destino.