
Lima, 20 de agosto de 2026. La sostenibilidad empresarial está dejando de entenderse como un conjunto de programas sociales para convertirse en un componente integrado al negocio, capaz de influir en la relación con los territorios, generar valor y hasta en el legado que una empresa deja cuando culmina un proyecto.
Esta fue una de las principales conclusiones del panel “¿Cómo ha evolucionado la gestión social hacia la sostenibilidad?”, realizado durante la tercera jornada del Encuentro Internacional de Gestión Social y Sostenibilidad (GESS 2026), donde representantes de Antapaccay, Yura y Anglo American compartieron experiencias concretas sobre la transformación de sus modelos de gestión.
Para Artemio Pérez, gerente senior de Gestión Social y Asuntos Institucionales de Compañía Minera Antapaccay, uno de los principales aprendizajes de la evolución de la gestión social es que no puede existir una separación entre el desempeño de la operación y las acciones que una empresa desarrolla. “La sostenibilidad tiene que estar en el corazón del negocio, en el ADN del negocio, sino, eso no funciona.”
El ejecutivo sostuvo que los cambios significativos en un territorio requieren una mirada de largo plazo y una articulación entre las dimensiones social, económica, ambiental e institucional. En esa evolución, Antapaccay ha incorporado, entre otros aspectos, el desarrollo de proveedores locales, la empleabilidad, la participación de las partes interesadas y la gestión de impactos sociales dentro de su estrategia de desempeño social.
Uno de los casos más particulares es el educativo: Antapaccay se propuso elevar el coeficiente intelectual de los estudiantes como un objetivo de largo plazo. Para ello desarrollaron iniciativas como el Centro de Recursos Educativos de Espinar y el PDE.
De atender pedidos a anticiparse al territorio
La experiencia de Yura, del Grupo Gloria, mostró otra dimensión de esta evolución: pasar de una gestión basada en responder solicitudes a una que busca comprender las causas de los problemas, generar valor y anticiparse a los cambios del territorio.
Margarita Valdivia, jefa de Sostenibilidad de Yura, explicó que el cambio de generaciones, la aparición de nuevos liderazgos y la transformación de las dinámicas territoriales los obligó a pasar de la filantropía a entender sus problemas, generar valor y anticiparse al territorio. “No es gestionar más, es gestionar diferente”, sostuvo.
Para Valdivia, la sostenibilidad exige ampliar la lectura del territorio y comprender cómo interactúan factores sociales, políticos, económicos y urbanos. “La pregunta que tenemos que hacernos hoy las personas que trabajamos en gestión social no es, ¿cómo hacemos para que la comunidad deje de exigir? Sino más bien, ¿cómo construimos una relación capaz de evolucionar cuando el territorio cambia?”
El valor que permanece cuando el proyecto termina
La mayoría de proyectos de exploración minera no se convierten en minas, por lo que las empresas también tienen una responsabilidad sobre el legado que dejan en las comunidades donde estuvieron una vez que se retiren. Esa fue la reflexión de Sebastián Benavides, Discovery Manager (Andes) de Anglo American.
Uno de los casos que presentó fue el de la Asociación de Mujeres Productoras La Montañita, en Ecuador. A partir del trabajo con un grupo de productoras de cacao, la iniciativa permitió desarrollar capacidades y crear la marca Chocovalle, que continúa comercializándose incluso después de que Anglo American dejó el proyecto.
“Chocovalle sigue vendiendo hoy en día. Siguen vendiendo y generando valor en su zona, mucho más allá de nuestra presencia”, indicó.
Benavides también relató el caso de un proyecto de exploración en Perú al que la empresa regresó después de su cierre para corregir problemas en la rehabilitación de plataformas y continuar con el monitoreo. “Más importante que actuar cuando tienes un interés de estar ahí, es cómo actúas cuando ya te diste cuenta que ahí no es. ¿De dónde vas a salir? ¿Y cuál es el legado que vas a dejar?”
Las tres experiencias plantearon así una evolución común: la sostenibilidad ya no puede reducirse a la cantidad de iniciativas sociales que desarrolla una empresa, sino que requiere integrar la gestión del territorio al negocio y generar valor que permanezca más allá de la presencia empresarial.