144 145 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Uno de los colaboradores de Lacy durante ese muestreo metalúrgico fue el geólogo nacional Alberto Manrique, quien se había incorporado ese mismo año a la empresa. “Hicimos dos túneles con el único objeto de sacar muestras de entre cincuenta y cien kilos. Estas permitieron hacer un cálculo de las reservas al barrer. Ambos túneles tenían entre doscientos y trescientos metros y se cruzaban de norte a sur y de este a oeste. Esas grandes muestras iban a la planta para ver cómo se comportaba el mineral, calcular el flujo y saber cómo tratarlo cuando se iniciaran las operaciones”, comenta él mismo. Todo estaba planificado al milímetro. Así se descubrió que, entre veta y veta, existía mineral diseminado y que la operación al barrer pagaría con creces. El muestreo metalúrgico se realizó durante el primer semestre de 1956 y el 26 de noviembre de ese mismo año se realizó el disparo que dio inicio a las operaciones, luego de una intensa y conflictiva negociación con los representantes de la población. El inicio de esas operaciones no solo marcarían un hito en el desarrollo minero peruano sino que también repercutiría en el desarrollo de la ciudad y en el ánimo de la población, que con el tiempo se vería obligada a trasladar sus moradas a un nuevo espacio, ante la inminencia de la ampliación continua del tajo. Pese a tratarse de una comunidad eminentemente minera, esa mudanza se sintió en adelante como una herida profunda en la planta del pie y se convirtió, en lo sucesivo, en motivo de una serie de reivindicaciones. La primera propuesta de especialistas fue mudar la ciudad a la Villa de Pasco, a veinte kilómetros de la ubicación original. Pero hace casi cincuenta años esa distancia hasta el centro de trabajo era inconcebible para los representantes de la comunidad, y la empresa también estimaba muy costosa la habilitación de nuevos servicios a tanta distancia. Finalmente se trazó la nueva ciudad a kilómetro y medio en la zona de San Juan Pampa, aprovechando la oportunidad para dotarla de orden y modernidad. Sin embargo, esa decisión no fue las más acertada pues, con el paso del tiempo, el creciente tajo alcanzaría nuevamente sus linderos y terminaría por rebasarlos. La escuela binacional Otra de las preocupaciones de la empresa se centró en la educación de sus hijos y trabajadores. En cada campamento se levantaba al menos una escuela y la emblemática, como es de suponer, era la que se ubicaba en La Oroya. El colegio principal se ubicó en Mayupampa, en la otra ribera del Mantaro en relación al complejo metalúrgico y era una edificación de arquitectura moderna, con techo a dos aguas, construida con solidez y una sobria elegancia. Pese a que compartían el mismo espacio, la escuela tenía, una al lado de la otra, dos secciones diferenciadas por el idioma en el que se impartían las clases. En los primeros años de la década de los sesentas, el señor Silva era el Director de Colegios de la corporación y se preocupaba mucho de que la “parte peruana” contara con muy buenos maestros. El mismo empeño ponía en que el mobiliario y los materiales de trabajo se ajustaran a las necesidades y garantizaran muy alta calidad. Los libros también eran muy actualizados y pertenecían al colegio, no se los quedaba el alumno, más bien pasaban a otro niño al año siguiente. En un principio, la biblioteca tenía solo libros en inglés pero, luego, en vista de la necesidad, se hizo una ampliación para considerar un buen grupo de buenos libros en castellano. En la sección en inglés los alumnos podían cursar estudios solo hasta el octavo grado. Desde el principio en la organización de esta parte de la escuela hubo mucha participación de la Embajada de los Estados Unidos y, más adelante, del colegio Roosevelt, que evaluaba permanentemente a los profesores que trabajaban en La Oroya. En comparación a la sección en castellano, donde se tenían más horas de historia peruana y religión, la diferencia radicaba en un La corporación organizó las Escuelas Fiscalizadas de la Empresa, bajo la dirección del Departamento de Relaciones Industriales. LOS PADRES SE REUNÍAN CON LOS PROFESORES CADA SEIS MESES Y, SI EL ALUMNO ESTABA REZAGADO EN ALGÚN CURSO, ELLOS RECIBÍAN LA TAREA Y ASUMÍAN LA RESPONSABILIDAD DE LA RECUPERACIÓN DE SU HIJO.
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