La Cerro de Pasco

148 149 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx en barcazas hacia la concesión. Pese a que se había programado un plan de perforaciones desde el primer año, este se postergó hasta el 28 de enero de 1961, cuando las máquinas penetraron en una cuenca nunca antes explorada. Sin embargo, no tuvieron suerte. Los dos primeros pozos de 4,200 y 1,604 metros de profundidad estaban secos. Eso hizo que la empresa postergara el planeamiento de las exploraciones. Más bien se asoció con Mobile Oil para la exploración en otros dos pozos y en uno de ellos encontraron un campo de gas húmedo, cuyas reservas fueron estimadas en dos trillones de metros cúbicos, a solo 25 millas al noroeste de sus concesiones. Sin embargo, la suerte no le ayudó en su propia área. En 1965 había perforado dos pozos más, también estaban secos y los magros resultados provocaron que su área de concesión se redujera al 47% de la original. Pero no se desalentaron, con su socio Mobile Oil como operador, aportaron US$ 2,5 millones para continuar con la exploración del yacimiento de gas en Aguaytía. En ese tiempo, incluso se debatía la factibilidad de construir un oleoducto Transandino de 563 kilómetros que pasara por La Oroya y llegara a la costa, de tal forma que el complejo se beneficiase no solo con su participación del 23% en el consorcio gasífero y petrolero, sino con un combustible más barato para la planta. Lo curioso es que después de esta mención, en las memorias de la empresa hasta 1974 no aparece más información sobre el desarrollo de este proyecto, lo que hace presagiar que la convulsión política y social en la que se vio comprometida la compañía en sus últimos años en el Perú, la hicieron desistir de esta y otras inversiones. Vida de campamento Así como los métodos de explotación eran estandarizados en todas las unidades de la empresa, la organización y las reglas de convivencia en los campamentos eran exactamente las mismas. Y de alguna manera esa disciplina se reflejaba en la vida cotidiana de la comunidad. Tan es así que el carácter del Superintendente le imprimía la dinámica y el estilo a cada campamento. Era el amo y señor. “A mí me tocó una vez un superintendente bien flojo, al que no le gustaba ir a la mina, pero que estaba muy bien informado de todo lo que pasaba. Incluso hasta del chisme. Pese a ello, era un hombre esencialmente bueno. Solía intervenir positivamente en la vida familiar y les llamaba la atención a aquellos trabajadores que se empezaban a portar mal”, recuerda don Alberto Manrique de su vida como Jefe de Geólogos en Casapalca. La convivencia era normalmente tranquila y armoniosa, incluso regalaba imágenes cotidianas muy emotivas, como cuando la hija norteamericana del subgerente, jugaba vestida como una paisana, llevando a su hermano menor como una ‘wawa’ en la espalda, con mucha naturalidad y presteza. Era muy lindo descubrirla con esas ropas en medio del paisaje serrano, con sus pelos y ojos claros y chapas rosadas en las mejillas. Y es que en los chicos se notaba más derecha– En Chulec residían los funcionarios más altos de la compañía y otros miembros del staff. Cada chalet era para una familia.

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