La Cerro de Pasco

150 151 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx esa capacidad de integración y de adaptación al ambiente y a la comunidad. La vida cotidiana en el campamento propiciaba que, al final, toda la gente se convirtiera en una gran familia. Las señoras se frecuentaban, se encontraban en el club, organizaban actividades diversas; los hombres se tomaban sus traguitos, jugaban billar, hacían deporte o se distraían juntos con las demás actividades que les ofrecía el campamento. Una norma establecida tácitamente era que “la primera dama”, la esposa del superintendente, se preocupara porque la comunidad y las familias se mantuvieran bien. No había un ‘job description’ para esa tarea pero siempre cumplían la misma función. Hasta bailar con ellas en las fiestas era un honor. Y les gustaba bailar con peruanos porque sus maridos eran muy tiesos. Todo eso alimentaba la confraternidad entre las familias. Uno de los norteamericanos más recordados hasta ahora es H. Willis Higgs, quien llegaría a ser Gerente de Operaciones de la División Sierra; vale decir, el funcionario de más alta jerarquía en el Perú. Su hija Valerie vivió en La Oroya por diecisiete años y, en el 2000, publicó en una reseña, explícitamente, las labores que desempeñaba su madre: “Desde que llegamos a La Oroya, mi mamá, Leah Baxter, se comprometió con una serie de causas. Inmediatamente inició un kindergarten, dio lecciones de bridge para quien quisiera aprender el juego, les enseñó a bailar a docenas de docenas de adolescentes e introdujo la equitación en la comunidad. También tuvo mucho apego con los muchachos del campamento, a quienes solía llevar en viajes de aventuras por los campos contiguos, en excursiones a Goyllarisquizga o, incluso, a algunos parajes de la selva central. Como esposa del Gerente de Operaciones también se encargaba de organizar recepciones en su propia casa, a veces para 150 personas, a las que acudían embajadores, generales u obispos, además de otras autoridades que llegaban de visita al complejo. Incluso se daba maña para brindarles atenciones a los representantes de los trabajadores cuando arreciaban las huelgas”. Es decir, sin ocupar cargo alguno, estaba realmente comprometida con el destino de la compañía y el bienestar de la comunidad. La creación de Southern Después de intensas negociaciones, los cuatro socios fundacionales habían firmado en 1955 el contrato definitivo para la formación de la empresa Southern Perú Copper Corporation. La American Smelting and Refining Company – ASARCO tenía el 57.75% de la participación, Phelps Dodge Corporation entró con el 16%, lo mismo que la Cerro de Pasco Corporation y el restante 10.25% fue respaldado por Newmont Mining Corporation. ASARCO se convirtió en el socio principal por su aporte de los yacimientos de Toquepala y Quellaveco, mientras que La Cerro incluyó en la sociedad su concesión de Cuajone, en la que también tenía intereses Newmont. Esas tres propiedades, muy cercanas entre sí, abrieron un nuevo polo de desarrollo minero al sur del país, entre Moquegua y Tacna. Las tres propiedades fueron transferidas a la Southern Perú que, combinadas, tenían reservas de mineral estimadas que excedían el billón de toneladas con un promedio de 1% de contenidos de cobre. La operación fue diseñada para trabajar primeramente en Toquepala y a tajo abierto, extrayendo 30,000 toneladas por día durante la primera etapa. Ese mineral era trasladado a una planta concentradora cercana con capacidad de enviar 1,300 toneladas diarias de concentrados a la nueva refinería, que fue construida a la orilla del mar en la bahía de Ilo. Tanto la concentradora como la refinería se ubicaban a una distancia prudente y bstante accesible desde los tres yacimientos, pues la proyección inicial fue que esa misma infraestructura fuera utilizada para tratar los minerales extraídos de las tres minas. Cinco meses antes del tiempo programado, el 1 de enero de 1960, la refinería empezó CON TOQUEPALA, CUAJONE Y QUELLAVECO, MUY CERCANAS ENTRE SÍ, LA SOUTHERN PERU COPPER CORPORATION ABRIÓ UN NUEVO POLO DE DESARROLLO MINERO EN EL SUR DEL PAÍS, ENTRE MOQUEGUA Y TACNA.

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