152 153 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx con la producción de blíster de cobre a un ritmo de 145,000 toneladas por año. Un comienzo auspicioso que hizo presagiar la posibilidad de repagar antes de tiempo la deuda contraída con el Banco de Exportaciones e Importaciones de Washington, entidad que había posibilitado el financiamiento de esta obra, la más importante en minería en el Perú después de la llegada de la Cerro. Todo el circuito se había completado con la construcción de un puerto propio en la bahía de Ilo, como era lógico, una planta de generación de energía, vías de comunicación alrededor de las distintas unidades, una línea férrea de 177 kilómetros para el transporte de mineral entre la mina, la refinería y el puerto e infraestructuras adecuadas para dos campamentos, el primero para los mineros de Toquepala y el otro para el entorno de la refinería. Pocos años después del inicio de sus operaciones, la empresa construyó otro tipo de facilidades para obreros, empleados y sus familias, que en esa etapa se congregarían en un número aproximado de 15,000 habitantes, de allí la necesidad de un colegio, un hospital, caminos de conexión, tiendas de abastecimiento y otros servicios que facilitaron la convivencia y el desarrollo de la comunidad. En marzo de 1960, después de una disputa judicial, ASARCO le cedió a Cerro de Pasco Corporation 20,375 acciones, pues fue obligada a devolver parte del capital social de la Southern que había sido mantenido en fideicomiso por la primera. En virtud de esa sentencia, la Cerro sumó un 6.25% adicional del total de las acciones de la empresa, por lo que desde ese momento sería propietaria del 22.25% de participaciones en el negocio. La División Ganadera Con los campos aledaños a La Oroya reverdecidos, después de la instalación del sistema Cottrell en 1941, más allá de la provisión de alimentos para sus empleados, la empresa le imprimió una función más productiva a aquellas tierras. La especialización en la crianza del ganado fue uno de sus principales propósitos. Y no era para menos, a mediados de 1950, la corporación contaba con 149,000 bovinos, 13,000 vacunos y 500 porcinos pastando en sus predios, junto a otros 50,000 de propiedad de arrendatarios. Mantener controlado a todo el ganado requería de un riguroso trabajo logístico repartido en dos secciones: la parte norte de la Ganadera contaba con cinco haciendas principales, mientras que la parte sur tenía a su cargo seis. Cada sección estaba bajo el mando de un administrador general, quien coordinaba directamente con el superintendente para llevar a cabo el plan general de trabajo. Cada administrador tenía a su cargo a los mayordomos que vigilaban el cumplimiento de obligaciones; a los jinetes fronterizos que evitaban el pastoreo de ganado vecino dentro de sus linderos; a los caporales, que contaban el rebaño varias veces a la semana y supervisaban a los pastores; y, finalmente, a los pastores, que mantenían la salud del ganado y asumían la responsabilidad frente a pérdidas o robos a causa de su descuido. Cada quién tenía claramente especificadas sus funciones. El personal era variable según la época pero, en promedio, se necesitaba de 680 obreros y 49 empleados para mantener eficientemente la organización. Según registra la revista institucional de la empresa, El Serrano, la Cerro envío en agosto de 1955 al Superintendente de las Ganaderas, el Sr. W.K. Snyder, al oeste de los Estados Unidos para comprar carneros reproductores que permitieran mejorar la crianza. Ellos mismos establecieron las tres condiciones que debían reunir esos ejemplares: Primero, ser de raza Corriedale registrados, de ascendencia Corriedale o de raza medianamente lanera, en ese orden de preferencia. Segundo, tener lana de grado 54, preferentemente. Y, tercero, tener el mayor tamaño posible. Adicionalmente debía ser ganado acostumbrado a pastar en zonas altas para evitar problemas de adaptación a la geografía y al clima de la sierra. La raza Junín era el orgullo de la División Ganadera de la corporación. Tomó años crear esta raza que le dio muchos lauros al Perú. La curiosdad por mejorar la calidad del ganado ovino y de los pastos se iría profundizando en los años posteriores al reverdecimiento de los pastizales.
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