La Cerro de Pasco

154 155 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx La búsqueda se extendió a las mejores haciendas de Estados Unidos, escuelas de agricultura, ferias, exposiciones y hasta por clubes juveniles del oeste norteamericano. El viaje de selección tomó más de dos meses. A su llegada al Perú, el señor Snyder comentó: “Ha sido realmente un viaje difícil debido, principalmente, a que hay muy pocos carneros que reunían nuestros requisitos. Se examinaron 3,857 carneros, de los cuales solo compramos 260, lo que representa menos del 7% del total. Los carneros seleccionados de un año promedian los 82 kilogramos y, los de seis meses, 52”. Los nuevos carneros de la Cerro eran los más grandes alguna vez vistos en Sudamérica y contribuirían a aumentar la producción de lana y carne en los siguientes años. Además de la crianza de ovinos, la División Ganadera conducía el laboratorio de investigación de enfermedades del ganado y contaba con un hospital veterinario para pequeños animales, en el que daba servicio a criadores vecinos y cabida en sus haciendas a futuros profesionales de la Universidad Mayor de San Marcos y de la Agraria La Molina. Esta División estandarizó sus procesos y sostuvo una producción acorde a un desarrollo sostenible, pese a que en esa época todavía no existía ese concepto. La Cerro sembraba en distintas estaciones del año, de tal forma que cuando se terminaban los pastos de una zona trasladaba a los carneros a una nueva parcela y sembraba en la anterior. Esto le permitió abastecer a las distintas unidades de una manera uniforme y exportar a Estados Unidos parte del excedente de carne, cuero y lana, aunque en pequeñas proporciones. Los pedidos de alimentos se hacían por vía teleónica desde la propia casa y la división ganadera se ocupaba de entregar todo el pedido en la puerta del trabajador a bajo precio. Luego se lo descontaba por planilla. Podían abastecerse de distintos productos como carne de carnero, de res y de chancho, huevos y embutidos. En algún momento las piscigranjas agregaron truchas gigantes a la oferta. La calidad del ganado era tal que la empresa estimuló la mejora organizando concursos entre sus haciendas en distintas categorías. La competencia permitió muchos avances en la presentación y la calidad del ganado, haciendo crecer el prestigio de la raza Junín, creada gracias a la experimentación biológica de la División Ganadera. Estos concursos se convirtieron en la instancia previa a la Exhibición Ganadera de Lima, una gran feria de ganado, maquinaria y técnicas agrícolas, en la que la raza Junín solía ganar distinciones en las categorías Gran Campeón, Primer Premio y Reservado Gran Campeón, las más importantes. Esta raza se caracterizaba por la abundante lana, vellón fino, pecho ancho, gran alzada y prominente musculatura. Era un bello animal, capaz de competir en concursos internacionales, de igual a igual, con los mejores ejemplares de Irlanda, Estados Unidos y Nueva Zelanda. Una raza que le dio y le sigue dando mucho orgullo a la ganadería del Perú. La mina Cobriza Los estudios que hiciera Antonio Raimondi ya daban cuenta de la existencia de este yacimiento de la margen oriental de la cordillera, en el distrito de San Pedro de Coris, de la provincia de Churcampa en Huancavelica. El yacimiento estaba en la margen izquierda del río Mantaro, a una altitud de entre 2100 y 2700 msnm. Como zona quechua de la cordillera tenía un clima lluvioso entre octubre y abril y seco el resto del año. Se accedía desde Huancayo, en un viaje que tomaba quince horas cuando se dinamizaron los trabajos de exploración en los años cincuenta. derecha– El presidente Fernando Belaunde es recibido en Cobriza por el Ing. Alberto Benavides, presidente de la compañía en el Perú en los años sesenta.

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