La Cerro de Pasco

166 167 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx las operaciones. Sin embargo, mientras más se bajaba, más caliente se hacía el ambiente y más energía necesitabas para bombear el agua. El 19 de abril de 1948, a la altura del nivel 37, se produjo un gran incendio en el que perecieron varios obreros y con ellos el superintendente de Casapalca. Se pudo recuperar los cuerpos pero el fuego se hizo incontrolable, por lo que la compañía decidió inundar las galerías y por años quedaron bajo el agua los niveles inferiores. Don Alberto Manrique fue Jefe de Geólogos de Casapalca casi diez años después del incidente. Y mientras él estuvo allí la empresa decidió que se investigara la viabilidad de reanudar el trabajo en los niveles inferiores. “Se contrató nuevamente a Bill Lacy para calcular las reservas y ver si se justificaba el desaguar la mina. Lo lógico era que el agua drenara por gravedad y dejara al descubierto el mineral, porque bombear desde allí hacia arriba era muy caro y se intuía que la veta se extendía hacia abajo”, recuerda. Como era difícil entrar, el diseño para hacer el cálculo se trazó prácticamente a ciegas, con los mapas y desde la superficie. El proyecto final contemplaba construir, a la altura del nivel 52, dos túneles paralelos de once kilómetros de longitud que se conectarían cada tramo. Uno para que el agua desembocara hacia el río Rímac y, el otro, para el transporte de los vehículos de la empresa. En su época fue considerado uno de los trabajos de ingeniería más complejos. Otro peruano que trabajaba en Casapalca por esas fechas fue el ingeniero Guido del Castillo: “Una cosa inesperada fue que a los 500 metros de iniciados los trabajos se secó el agua que abastecía al pueblo de San Mateo, el del agua mineral. Eso le causó una serie de problemas a la compañía. Pero más curioso fue que a los cinco kilómetros se encontró agua muy caliente. Se elevaba tanto la temperatura que hacía imposible continuar con la obra. Los mineros subían en los carros con agua fría para pasar esas zonas y seguir perforando del otro lado. Al final se paró todo por un año y se mandó a construir un sistema especial de aire acondicionado para continuar la obra”. Mientras los geólogos de la compañía buscaban otra fuente de agua subterránea para San Mateo, se logró controlar la temperatura en ese sector al que empezaron a llamar Aguascalientes y se continuaron los trabajos. Al final, cuando empezó a drenar el agua, el descubrimiento fue mayúsculo. La veta tenía más de cinco kilómetros de profundidad con contenidos de cobre y plata, lo que aumentó en veinte años la vida de la mina y, por si fuera poco, se encontraron otras pequeñas vetas de las que no había sospecha. Más allá de la monumentalidad de la obra, al Túnel Graton se le encontraron una serie de beneficios adicionales. Por ejemplo, que de la bocatoma de la parte occidental salen cinco metros por segundo de agua limpia, provenientes de la lluvia de la cordillera oriental. Esta corriente se suma al caudal del río Rímac con un 25% de agua adicional. En ese sentido, el científico nacional, Modesto Montoya, se ha referido varias veces al Túnel Graton como un ejemplo de lo que se puede hacer para paliar el riesgo hídrico de Lima y le ha añadido el potencial que fomenta ese caudal para construir pequeñas hidroeléctricas en distintos tramos, aguas abajo del río Rímac, en su recorrido hacia el mar. Un empujón a la industria A partir de la década de 1950, la empresa diseñó una política corporativa para la diversificación de productos y ampliación del ámbito geográfico de sus minas e intereses. La idea era que la corporación empezase a buscar proyectos para operar donde las oportunidades de negocios aparecieran, sin las restricciones geográficas a las que se había ceñido durante sus primeros cincuenta años. Es en ese contexto que la Cerro extiende el mapa de exploraciones más allá de la sierra central, promueve e invierte en industrias con base cerca de Lima y se analiza la viabilidad de operar una mina de cobre en Chile, entre otros.

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