La Cerro de Pasco

196 197 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx empresa Leadership Housing Systems Inc., tras la adquisición de una empresa especialista en la creación de barrios residenciales. A su vez, Leadership tenía una empresa en publicidad y promoción de ventas, así como otra de financiamiento, seguros e hipotecas en estados como La Florida, Texas, Hawaii y California. En ese rubro también formó la Richmar Development Corporation, con base en Stamford, Connecticut, especializada en la construcción de centros comerciales, parques industriales y viviendas en Nueva York, Connecticut y Las Vegas. Esas adquisiciones eran consistentes con la operación de Atlantic Cement Company que la Cerro tenía en sociedad con la Newmont Mining Corporation. Por otro lado, en 1972 adquirió la Illinois–California Express, una empresa de transporte de carga que operaba desde Chicago hacia el oeste de Estados Unidos y que, según expresa la Memoria Anual de la compañía de 1974, era “parte de nuestro programa de diversificación… que reduce la dependencia de la empresa de las ganancias de sus operaciones en Perú”. En el otro extremo, por primera vez y tras cerca de 70 años, las actividades de la división minera nacional de la Cerro de Pasco no rindieron utilidades. En parte por los sobrecostos contemplados en las nuevas normas y por la baja en el precio de los metales no ferrosos. Pero también por las huelgas. Solo en 1971 se produjeron treintaicinco en sus distintas unidades. Ese mismo año se agotaron las reservas de Goyllarisquizga y se suspendieron labores en la planta piloto de filtrado de zinc y en la planta de indio en La Oroya. Ninguna de las dos podía operar rindiendo utilidades en esas condiciones. La denuncia del gobierno del General Velasco había sido cierta. Desde 1969 el interés de la empresa por invertir en el Perú había decaido, pero no por voluntad propia, sino por la abierta confrontación del gobierno, el acoso legal y la falta de estabilidad que amenazaba con afectar su patrimonio y, por ende, los intereses de sus accionistas. Por eso la empresa decidió retirar el dinero del país y buscar oportunidades de inversión en otras latitudes. La única inversión importante de la Cerro en el Perú durante el gobierno de Velasco, además de la Southern, fue la construcción de un nuevo sistema Cottrell en La Oroya, con el propósito de controlar los niveles de contaminación que emanaban del complejo metalúrgico y que seguían originando protestas ambientales. Como era lógico, desde que el “gobierno revolucionario” asumió el poder en el país, la derecha– El panorama de La Oroya a finales de los ochenta se volvió lúgubre. La que había sido una de las mejores fundiciones y refinerías del mundo cayó en la ruina.

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