La Cerro de Pasco

20 21 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx foráneo, que se anunciaba como paso inequívoco hacia la modernización de la minería y a una progresiva desnacionalización de la actividad. Otro detalle técnico resultó fundamental para dinamizar la reactivación minera en Cerro de Pasco. Desde 1865 muchas de las minas de la región habían quedado inundadas, por lo que se hacía imposible su explotación. Es por ello que en 1900, ahora como presidente electo de la República, Eduardo López de Romaña suscribió un contrato con la Empresa Socavonera del Cerro de Pasco, que se había comprometido a desaguar esas propiedades mineras mediante la construcción de un túnel. En el directorio de esta empresa se encontraban connotados mineros nacionales de aquella época, como don Baldomero y Ramón Aspíllaga, Juan e Isaac Alzamora, José Payán, Roberto Pflucker, Ismael de la Quintana y Manuel Ortiz de Zevallos, entre otros. Este era el último bastión local que atentaba contra el propósito de la corporación de tener el control hegemónico de toda aquella zona, pues el gobierno les reconocía esa propiedad. La negociación fue dura y la Cerro finalmente aceptó comprar todas las propiedades y activos mineros de la Socavonera a cambio de tres millones de dólares en acciones de su propia empresa, el triple de lo que los nacionales habían invertido. El destino de Colquijirca Luego de sucesivos trabajos y exploraciones desde la época de la Colonia, la mina de Colquijirca había terminado como propiedad del ciudadano español Manuel Clotet, que la cedería en 1884 a su yerno, don Eulogio Fernandini, una reconocida personalidad en todo Pasco y en la sierra central. Don Eulogio tenía una disciplina germana para el trabajo, pues la había adquirido entre Alemania y Austria, adonde llegó en la adolescencia para afrontar una grave infección intestinal. A los 22 años regresó al Perú y se empleó en las minas de los hermanos Gallo, donde logró acumular un pequeño patrimonio. Unos años más tarde se casaría con Isolina Clotet, hija de don Manuel, y desde entonces se haría cargo de las minas de Colquijirca, a las que conduciría con tenacidad hacia su máximo esplendor. Los trabajos en la mina empezaron en 1886, pero trece años le tomó encontrar la famosa veta de plata, plomo y zinc que le seguiría dando prestigio minero a esa zona. Posteriormente, construyó la fundición de Huaraucaca en 1889, la segunda más importante del país después de la de Casapalca, entonces de propiedad de la sociedad Backus & Johnston. A esas obras, junto con su entrañable amigo Antenor Rizo Patrón, sumó la instalación de dos plantas eléctricas que aprovecharon el represamiento de la laguna Punrún. Pero sus intereses no se limitaron a la minería. También fue un exitoso ganadero y agricultor, pues llegó a contar con 200,000 ovejas y varios predios para el cultivo de azúcar y algodón en los valles de la costa, especialmente en las haciendas Comas y Pro ubicadas en Lima. A esas alturas, Cerro de Pasco era ya una de las ciudades más cosmopolitas del país. En 1872 ya se había abierto una oficina del Banco de Perú y Londres, que trabajaba a la par con los doce viceconsulados instalados en las estrechas calles de la ciudad, como los del Imperio Austro–Húngaro, la Agencia Consular del Reino de Italia, la de España, Inglaterra, Estados Unidos, Francia y el Consulado Sardo, en representación del Reino de Cerdeña, isla que hoy es parte de Italia. Todos eran celosos guardianes y promotores de pequeñas inversiones de italianos, alemanes, ingleses, españoles, serbios, franceses, griegos, entre otros; atraídos de oídas por la histórica riqueza mineral. A los españoles de la Colonia le siguieron otros emprendedores europeos, destacándose la inversión de procedencia inglesa. Recién al cambio de siglo con la irrupción de la Cerro de Pasco Corporation, de la International Petroleum Company y como efecto de la Primera Guerra Mundial, ese predominio británico estaría por cambiar en el Perú. Justo apenas entrado el siglo XX el izquierda– Una de las primeras concentradoras instaladas en Cerro de Pasco, poco tiempo antes de la llegada de la corporación. Derecha– Personal de confianza de Don Eulogio Fernandini en Colquijirca, frente a la casa administrativa de la Negociación que llevaba su nombre.

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