La Cerro de Pasco

24 25 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx una tierra tan lejana como el Perú. Cuatro años después fallecería Hearst sin posibilidad de ver madurar el proyecto. El año anterior a la cena en Nueva York, en julio de 1901, McCune había viajado con su familia por varios meses al Perú para reconocer el territorio y con la intención de comprar directamente las principales haciendas mineras y prospectos de Cerro de Pasco. Toda la información básica le había sido proporcionada por James McFarlane, un ingeniero minero que actuó como “adelantado” en varias oportunidades durante catorce años, evaluando el potencial de la sierra central a la espera del momento ideal para hacer la inversión. Pero su visita de 1901, para corroborar esos primeros informes, sería sustancial para convencer a esos grandes inversionistas, tanto como los estudios sobre la geografía y el potencial minero que habían desarrollado en la zona otros estudiosos como el ingeniero inglés Richard Trevithick, en 1822, y, por otro lado, Mariano Eduardo de Rivero en 1828, Alejandro Babinski en 1876, Maurice du Chatenet en 1879, Antonio Raimondi en 1885, el ingeniero norteamericano A.D. Hodges en 1888, Ricardo García Rosell en 1892 y Pedro C. Venturo en 1898. Si bien históricamente ya se conocía que esta era una región muy rica en plata, todas estas monografías coincidían en que también había presencia de ingentes cantidades de cobre y carbón. Por ello Haggin y McCune sentían que su paciencia había rendido frutos. Desde los inicios de su exploración se empezaban a manifestar las mejores condiciones para intervenir. El ferrocarril del Callao a La Oroya se había terminado en 1893, restando apenas unos cuantos kilómetros para su acceso al territorio minero. Por otro lado, en Europa y en Estados Unidos se masificaban la electricidad y los tendidos eléctricos públicos y privados, los tranvías, la fabricación de generadores y circuitos, la construcción de centrales eléctricas, entre otros, lo que elevaría por décadas la demanda del cobre. Tal fue el impacto que de 40 libras, como se cotizaba la destino añorado para los aventureros y buscafortunas atraídos por la llamada fiebre del oro. Justamente Sacramento había sido fundada por el inmigrante suizo John Sutter, en cuyos predios se encontró el preciado metal poco tiempo después de que aparecieran las primeras pepitas de oro en el American River de Coloma. El destacado minero George Hearst fue uno de los pocos que hizo gran fortuna después de arribar en 1849 a Sutter’s Mill. Él había hecho la travesía a California tras la muerte de su padre y compartía con Haggin la afición por la crianza de pura sangres, tanto que era propietario del Rancho Piedra Blanca, ubicado en la localidad de San Simeon. A Piedra Blanca le fue anexando otros ranchos y en ese predio construyó el Hearst Castle, que sirvió de referencia para la famosa película El ciudadano Kane, pues la historia del personaje protagónico, Charles Foster Kane, estuvo basada en la vida del único hijo de Hearst, William Randolph, quien fundaría años después el imperio mediático de su familia a partir del periódico San Francisco Examiner. Orson Welles le daría magistralmente vida a ese personaje. La amistad entre ambos magnates devino naturalmente en la creación de la empresa Hearst, Haggin, Tevis & Co., en la que terció un viejo socio de James B. Ali, Lloyd Tevis. Para entonces, Hearst ya ostentaba la reputación de ser el más reconocido experto en prospección minera de la costa del Pacífico y un gran modernizador de la minería de cuarzo y otros minerales. En poco tiempo, esta compañía se convertiría en el más grande emprendimiento minero de los Estados Unidos. Por otro lado, Alfred McCune era de origen indio, constructor de ferrocarriles, propietario de negocios de retail, con inversiones en minería y, como buen mormón, se había establecido en Salt Lake City, Utah, convirtiéndose en el primer multimillonario de ese joven estado. En 1887 acordó formar una sociedad con Haggin para explorar la posibilidad de explotar el mineral de La fiebre del oro en California desató una oleada migratoria y fue el impulso inicial de fortunas como la de George Hearst, cuya reputación era la de ser el mayor experto en prospección minera de la costa del Pacífico. EN 1887 HAGGIN Y MCCUNE ACORDARON FORMAR UNA SOCIEDAD CON HEARST PARA EXPLORAR LA POSIBILIDAD DE EXPLOTAR EL MINERAL DE UNA TIERRA TAN LEJANA COMO EL PERÚ. HEARST FALLECERÍA CUATRO AÑOS DESPUÉS SIN VER MADURAR EL PROYECTO.

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