La Cerro de Pasco

50 51 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx una– y otros sistemas hidráulicos de carga. Asímismo, el carbón proveniente de las minas de Goyllarisquizga y Quishuarcancha –molido y lavado en la misma fundición– era convertido en coque mediante el uso de setenta hornos Beehive. Hacia 1917 estaba proyectado construirse 28 hornos más. La fundición Smelter era algo así como un portento industrial, una infraestructura majestuosa en la pampa desolada de Tinyahuarco. La época dorada y más productiva de la fundición se dio durante la Primera Guerra Mundial. Pese a haberse declarado neutral en la primera etapa de la conflagración, el Perú tuvo una constante colaboración con los aliados, lo que asentó para el futuro las relaciones comerciales con Estados Unidos en desmedro de la influencia de una Inglaterra que sufrió cierto declive tras el conflicto bélico. Si bien, en su desconcierto, Europa dejó de comprarle al Perú al principio de la guerra, poco tiempo después las materias primas vieron disparados sus precios, especialmente el algodón, el azúcar y los minerales. La bonanza temporal que se produjo fue tal que el Sol peruano llegó a costar seis dólares y los obreros recibieron por una época sus pagos en monedas de oro. Ese auge en Cerro de Pasco se tradujo en crecimiento y en la importación, a precios bajísimos, de todo tipo de artículos, incluso los más suntuosos, como muebles de época, cortinas aterciopeladas, delicadas vajillas, finos instrumentos musicales e, incluso, cubiertos de plata de nueve décimos. La Fundición Smelter contaba también con un laboratorio, equipado con los mejores artefactos e insumos de la época, en el que se registraban todas las materias primas y se analizaban los productos refinados. Asimismo se había establecido un hospital y un médico residente para atender accidentes leves y enfermedades –los pacientes graves se evacuaban a Cerro de Pasco–; un almacén para suministros; dos hoteles, uno para solteros y otro familiar, así como una maestranza, que minimizaba la necesidad de enviar maquinaria al extranjero para reparaciones. Solamente el pueblo llamado Campamento Tercero alojaba a cerca de cinco mil personas que se relacionaban con la fundición. Por ello la compañía construyó y sostuvo un mercado, alentó el funcionamiento de un teatro, varias escuelas (algunas sostenidas por el gobierno y otras por la empresa) y clubes sociales y deportivos; incluso uno de regatas, pues la empresa contaba con dos botes que se utilizaban para recreación en una de las lagunas. Del mismo modo, se estableció otro pueblo llamado Alto Perú, en el que aparecieron casas más cómodas y que se proyectaba a convertirse en una importante ciudad. Sin embargo, al final de la guerra se produjo un bajón repentino de la demanda y de los precios, y la Cerro buscó alternativas para incrementar su producción. Para ello le pusieron el acelerador al proyecto de Morococha, en Junín, y adquirieron la mina Casapalca, una gran unidad productiva ubicada en la serranía de Lima, de propiedad de Backus & Johnston, quienes tuvieron que vender justamente por la contracción de la demanda. Con la puesta en marcha de Morococha y la anexión de Casapalca, la fundición Smelter perdió brillo por su ubicación distante y contraria a la dirección del Callao. Mientras estuvo operativa, el entorno de la fundición comenzó a poblarse rápidamente con peruanos de distintas procedencias que tenían en común el hambre de trabajo. Tanto es así que el 4 de diciembre de 1911, se creó por ley la villa denominada Smelter, acto que fue ratificado seis años después, el 6 de setiembre de 1917, mediante una ley que creaba el distrito Fundición de Tinyahuarco, comprendiendo los pueblos de Pasco, Vicco y Cochamarca, el caserío de Sacrafamilia y las haciendas Huaraucaca, Diezmo, Racracancha, Cuchis y Angascancha. Conscientes de que su actividad minera en la sierra central los sobreviviría y se prolongaría por décadas, los ejecutivos de la Cerro decidieron construir una nueva fundición y refinería en un lugar más o menos equidistante entre Cerro de Pasco y Casapalca, y escogieron el cruce de caminos denominado La Oroya, LA MEJOR ÉPOCA DE TINYAHUARCO FUE DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. LA BONANZA FUE TAL QUE EL SOL LLEGÓ A COSTAR SEIS DÓLARES Y LOS OBREROS RECIBÍAN SUS PAGOS EN MONEDAS DE ORO. Las dimensiones y la mecanización de las operaciones de la Fundición de Tinyahuarco eran insólitas para la comunidad industrial del país.

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