La Cerro de Pasco

74 75 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx novecientos la golpeó tanto como la ausencia del ingeniero Johnston, quien se había marchado a Europa atraído por el glamour y las carreras de autos. Es más, era un coleccionista de coches de competición que él mismo conducía en los grandes premios del primer mundo. El ingeniero había establecido su residencia en la Costa Azul, llegó a construir y patentar nuevos diseños de carburadores para autos de velocidad y, cómo no, se hizo notar en la sociedad europea siempre al volante de sus potentes y preferidos Mercedes Benz. Enterado de que los precios y la mala administración de Casapalca había puesto a la empresa al borde de la bancarrota, Johnston decidió volver en 1909 y tomar el timón de la compañía como presidente. Durante los siguientes cuatro años vivió entre las minas y la fundición, logrando un nuevo renacer para la compañía invirtiendo su propio capital y préstamos de diferentes entidades bancarias. En virtud a ese financiamiento logró instalar equipos más modernos en la fundición de metales, incluyendo una línea especial para el cobre, y adquirir decenas de minas más. Gracias a su dedicación y planificación estratégica es que la compañía logró posicionarse nuevamente entre las mejores empresas mineras del país pero, cuando se encontraba en Lima, a punto de acompañar a su hijo peruano Antenor Johnston Torres para que prosiguiera sus estudios en Europa, le sobrevino la muerte el 8 de mayo de 1913. Seis años más tarde, cuando Minera Casapalca se sentó a negociar con la Copper, estaba claro que apuntaba solo a vender al mejor precio posible. Con esa compra, la Cerro de Pasco Copper Corporation se erigiría, de lejos, como la empresa minera más grande en suelo peruano y en Sudamérica. El nuevo obrero Si bien los gringos trajeron el conocimiento, la última tecnología y un modelo integral de desarrollo minero, uno de los problemas en los que no habían reparado era en la posible escasez de mano de obra. Según da cuenta el historiador económico Heraclio Bonilla en El minero de los Andes, la dificultad principal de la empresa era que no existía una clase obrera en el Perú y que en la sierra, especialmente en las comunidades, estaban muy arraigadas la agricultura en pequeñas parcelas y costumbres ancestrales como el trabajo comunal, en el que romper la cadena de ayuda de unos a otros implicaba también un perjuicio propio y una sanción social. De alguna manera las comunidades andinas habían sido indemnes al modelo esclavista de las haciendas de la costa, que capitalizaron primero la fortaleza de los negros y luego la laboriosidad de los asiáticos. Es así que los andinos prefirieron trabajar para la mina solo en los tiempos de reposo de sus tierras para obtener un ingreso adicional, pero sin asegurar su permanencia. Además a principios de siglo se hacían evidentes sus dificultades para adaptarse culturalmente a los rigores de los horarios y a las prácticas del quehacer industrial. Como vimos antes, en un principio la empresa replicó de los mineros nacionales la política del “enganche”, en base a adelantos de salarios para obligar a los trabajadores a permanecer más tiempo en sus puestos, pero esta práctica Derecha– Pasaría poco tiempo para que los obreros peruanos empezaran a especializarse. Sobre todo los de la fundición y del ferrocarril.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2