178 179 la minería moderna integración del perú a la clase mundial con Mitsubishi Metal Corporation por el que adquirió el 65% de acciones de Compañía Minera Hilarión S.A., propietaria del prospecto ubicado en la zona de Huallanca, en Áncash. Nippon Mining había vendido Chapi a Alberto Ramírez, en asociación con Carlos Montori y el gringo Birbeck. Milpo recompraría la mina treinta años después, con la llegada de Alan García a la jefatura de Estado y, con él, la histórica crisis financiera del país conduciría al sector minero a condiciones que parecían inmanejables. El gobierno tenía al dólar minero subvaluado y la oficina financiera se convirtió en un centro de negociaciones constante. Tenían que garantizar la financiación diaria y evitar el default. Era imposible pensar a mediano o largo plazo, pues la inflación en el país había alcanzado niveles nunca antes vistos y el Perú se quedó sin fuentes reales de financiamiento. En 1989 la distorsión cambiaria fue de 17%, de 57% a febrero del siguiente año y, finalmente a julio, alcanzó el 68%. Los ingresos por venta de minerales se cambiaban por ley a la moneda local, pero los insumos y repuestos se adquirían en dólares. La renovación diaria de la deuda era crucial debido a los plazos cortos y los altos intereses. Como medida para mitigar el impacto de la distorsión financiera y la devaluación de la moneda, la compañía realizó inversiones significativas. En abril de 1989, adquirió una participación accionaria en INDECO (76% del capital social) y EXSA (35.96%). Estas empresas estaban dedicadas a la fabricación de conductores eléctricos de cobre, explosivos y electrodos de soldadura, y por ello tenían relación con el sector minero. La inversión funcionaba como un refugio para el flujo de capital positivo, que evitaba la devaluación en el banco. Pese a las circunstacias, Milpo decidió invertir en el Perú. Su compromiso era con el país y su gente, con sus trabajadores. Pasada esa década, con el cambio de modelo a una economía de mercado, estas empresas se revendieron y el capital obtenido se pudo utilizar para la inversión en proyectos mineros. Una mina desde cero Fue gracias a esos resultados positivos que se iniciaría el proyecto Cerro Lindo que, más temprano que tarde, se revelaría como la mina subterránea más grande del Perú: un tesoro oculto de zinc, plomo y cobre con destellos de plata. Germán Arce, ya entonces un experimentado ingeniero en la industria, se convirtió en la cabeza de este ambicioso proyecto y decidió forjar un camino distinto. La primera decisión fue establecer una relación sólida y sostenible con la comunidad de Chavín, próxima a Chincha. Empezarían por enseñar a la comunidad cómo funcionaba una mina y qué beneficios podrían obtener de ella. Cien habitantes de la zona fueron enviados a capacitarse en el Centro Tecnológico Minero (CETEMIN) y adquirieron conocimientos en seguridad, procesos y manejo de maquinaria. Sin embargo, ubicada a 1,800 metros sobre el nivel del mar, la mina presentaba desafíos particulares. La escasez de agua, aunque ventajosa, exigía soluciones innovadoras. Al principio, se llevaban cajas de agua en camionetas para hidratar y asegurar la ventilación eléctrica. Pronto, se planteó el ingreso de equipos más grandes a través del túnel para aumentar la productividad. Cargadores frontales y camiones de cuatro ejes fueron los protagonistas de la operación. Y la experiencia de la ampliación de El Porvenir serviría de modelo para implementar una chancadora dentro de la mina y una faja transportadora que redujera considerablemente los costos de acarreo. Derecha– La convivencia con el entorno, el amor y el sentido de pertenencia a la sierra fueron siempre una motivación. izquierda– El inicio de la minería trackles o sobre ruedas permitió un aumento considerable de la producción.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2