184 185 la minería moderna integración del perú a la clase mundial para mejorar la calidad del pasto y la calidad genética del ganado. Se compró sementales y se distribuyeron en trece comunidades para mejorar la raza del ganado lanar. Así, los campesinos obtendrían más ganancias. La empresa también se enfocó en mejorar la institucionalidad relacionada al sector minero. Para ello, mantuvo informada a la población sobre los beneficios de la minería. Esta fue una práctica constante en Milpo. Además, la empresa participó activamente en el desarrollo y difusión de distintas instituciones como el Banco Minero, el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, la Sociedad de Minería, la Sociedad Geológica y el AIME (American Institute of Mining Engineers), entre otros. Para Milpo es crucial cerrar esa brecha de incomprensión del sector para restablecer los lazos con las comunidades y atender a sus necesidades de manera directa. Las mineras necesitan reconectar con su entorno y reavivar el fervor patriótico que las inspira. Por fin conectados con el mundo Con la liberalización del mercado del régimen de Alberto Fujimori cualquier vestigio de estatización quedó enterrado. La liberación de precios, la apertura de fronteras a la inversión extranjera y la importación de tecnología beneficiaron enormemente a la empresa. Augusto Baertl recuerda que “era increíble ver cómo bajaron los costos y los explosivos hasta en 80%. Con una inflación controlada desaparecieron los elevados costos financieros y descubrimos que teníamos margen para trabajar con minerales de más baja ley. El libre mercado nos llevó a mecanizar y a buscar mayor productividad por trabajador u hora/hombre”. Fue momento crucial para el trabajo en equipo. Había dos opciones: continuar con el derroche fiscal y el colapso de nuestra sociedad o esforzarse por corregir el rumbo. “En esa época hicimos un proyecto de ley para generar el canon minero. El ingeniero Rómulo Mucho era congresista y, gracias a la credibilidad construida con los gremios, con la comunidad minera y los sindicatos pudimos sacar, en consenso, ese proyecto y otros”, rememora don Augusto, que entonces era presidente de la Sociedad de Minería. La crisis económica era tan profunda en todos los niveles que no quedó otra que buscar soluciones vía consensos. A través del Ministerio de Energía y Minas se estableció un canal de comunicación para rescatar el país. Entre otros, participaron José Miguel Morales, Enrique Lastres y Hans Flury, por la Sociedad de Minería. De esos esfuerzos provino la Ley de Promoción de la Minería de 1992, que permitió un nuevo auge en el sector. La coincidencia entre los objetivos de la Sociedad y del gobierno de entonces, para promover la inversión privada, se materializó en el sector minero a través de ese nuevo código normativo. Baertl recuerda que “en los primeros años de Fujimori, el gobierno reunió un conjunto de destacados empresarios de primerísimo nivel”. Estas medidas promotoras de la actividad en el sector permitirían a Milpo alzar la mirada hacia las corporaciones internacionales para poner en valor los proyectos explorados en la década anterior. Estos demandaban una gran inversión y solo podrían hacerse realidad con el concurso de capitales foráneos. En 1992, los ejecutivos de la compañía tomaron contacto con distintas empresas canadienses, entre ellas Rio Algom, a la que le ofrecieron Izquierda– Dentro de la mina la inversión en tecnología fue un mandato impostergable. Derecha– Directorio de Milpo en pleno en la década de los ochenta.
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