210 211 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Explorar para crecer Siempre se le supo minero pero la gran pasión de don Alberto Benavides fue la exploración. Era un geólogo de corazón y amaba el trabajo de campo. “Él tenía un amplísimo conocimiento de la geología. Todas las minas las conoció a caballo. Decía que si bien la ciencia había avanzado, siempre era bueno ‘conversar con los Apus’, arañar la tierra, hacer calicatas. Si Buenaventura subsiste todavía, es por los geólogos que exploraban alrededor de sus yacimientos”, sentencia Mario Palla, quien fuera un colaborador cercano y, a lo largo de cuarenta años, superintendente de varias de las minas de la empresa. Salvadas las deudas, los compromisos y fiel a su identidad, Buenaventura consiguió la concesión de Recuperada en Huachocolpa, cerca de Julcani; una mina de plomo y zinc en medio de una zona volcánica cuyas labores venían desde la Colonia. Su producción se benefició con la subida de los precios por la guerra de Corea y Recuperada resultó un excelente negocio, pues permitió ingresos durante muchos años. Otro proyecto importante fue Orcopampa. Empezaron allí en 1965, cuando no había nada en esa zona. Don Alberto y su íntimo amigo metalurgista, Carlos Plenge, regresaban de descartar la compra de una maquinaria a Hochschild y decidieron seguir el rumor de antiguos trabajos en las alturas de Arequipa. En el lugar apenas divisaron unas piedras de molino de corte colonial. Echaron un primer vistazo y convinieron en quedarse un tiempo más para investigar. Como había potencial se les ocurrió hacer un consorcio paritario con Hochschild, que tenía Arcata en las cercanías, pero los títulos superpuestos en las propiedades les impidieron avanzar. Hochschild renunció a la idea y, luego de sanear la propiedad, Buenaventura comenzó a explotar por sí misma esta mina de plata de alta ley. Recién a los trece años de fundada, Alberto había coseguido estabilizar su empresa. En 1964, consciente de su capacidad y transparencia, Koenig lo convocó y le hizo un ofrecimiento impensado: la presidencia de la Cerro de Pasco Corporation en el Perú. Era la empresa más grande en el país y ningún nacional había ocupado un sillón tan alto hasta entonces. Alberto aceptó agradecido de regresar a la empresa que le abrió las puertas de su vida profesional. En su reemplazo, quedaría a cargo de Buenaventura su hermano Jorge, quien estuvo siempre cerca suyo en el directorio. Don Alberto atendería su nuevo encargo en la trasnacional hasta 1971. Por su parte, su hijo Raúl también recuerda el orgullo de su padre al regresar en esa nueva posición a la compañía. “Años más tarde, cuando ya Buenaventura estaba consolidada y Bob Koenig nombró a mi padre como presidente de la Cerro de Pasco en el Perú, él solía ir a reuniones en Nueva York en las que coincidía con los funcionarios de las grandes empresas mineras que listaban en esa Bolsa. Nunca antes pensó que volvería a esa ciudad como líder de una compañía. Eso le dio mucha satisfacción”. izquierda– La confianza en sus colaboradores fue una característica del liderazgo de don Alberto, aunque también la exigencia constante para el desarrollo de cada proyecto.
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