328 329 la minería moderna integración del perú a la clase mundial mayores. Los dueños del proyecto llegaban con sus demandas para operaciones, seguridad, administrativos, legal, etc. Y se hizo el esfuerzo por reclutar a profesionales de empresas como Southern, Barrick o Yanacocha; pero era todo un desafío armar un equipo especializado. Además de personal calificado de otras empresas mineras, se convocó también a profesionales de la industria petrolera y gasífera pues, a fines de los noventa, ese sector trabajaba con estándares más altos que la minería local en temas de seguridad y relaciones comunitarias. Primero se contrató a los gerentes y luego se hizo una convocatoria a nivel nacional para ubicar hasta a los operadores. Tan es así que Antamina llegó a tener cerca de 9,000 colaboradores durante la fase de construcción. En la selección del personal se evaluaba la experiencia y lo que ahora se conoce como habilidades blandas. Y si no había técnicos especialistas se traían de otras industrias para que los cerca de cuarenta expatriados capacitaran al personal peruano. Muchos estaban vinculados a las tareas de laboratorio, hidrología, ambiente, eran responsables de la planta y del diseño del trabajo con las comunidades. Si bien se contrató a profesionales que luego darían la talla, el universo era variopinto. Habían llegado de distintos países, empresas, regiones, con backgrounds disímiles y estudios en diversas universidades. Todo caminaba al ritmo deseado, impulsado por el compromiso de sacar adelante “la mina del futuro”, pero ya se empezaban a notar ciertos baches de corte cultural. Hasta entonces, en el Perú, la cultura minera había sido casi siempre paternalista. Pese a esa relación vertical, la gente se sentía cobijada y contenta. Pero para sacar adelante un proyecto con objetivos de esa envergadura, Antamina tendría que atender el tema cultural, de identidad y alineamiento, en aras de cumplir con los nuevos procesos y exigencias de la industria global. El cambio del EIA En su diseño, la compañía trabajó los temas relativos al ambiente, a la salud y a la seguridad con estándares y normas del Perú, del Banco Mundial y de Canadá. Luego del debate público y múltiples presentaciones, cuando la empresa presentó el EIA al gobierno peruano en marzo de 1998, el tema más sensible era que la mina se ubicaría a 30 kilómetros al este del Parque Nacional Huascarán (PNH), el parque de montaña más representativo del Perú y, además, en los límites de la zona de transición de la Reserva de Biosfera del Huascarán, declarada así por UNESCO en 1977, y en 1985 destacada como Patrimonio Natural de la Humanidad. El Parque está conformado por 340,000 hectáreas de terreno, con 27 picos nevados de más de 6,000 msnm, 663 cumbres, 296 lagos y 41 ríos. Allí habitan 845 especies de flora, 111 de aves, 13 tipos de mamíferos y 2 de reptiles, todos distribuidos en siete zonas de vida. Es un ecosistema frágil, muy vulnerable a los efectos del cambio climático y al que se suma una alta precipitación pluvial. Por ello, el principal objetivo de Antamina en el diseño de su política ambiental fue proteger las fuentes de agua; sobre todo para beneficio de la gente que vivía –y aún vive– en la parte baja de las cuencas Huincush y Tucush, que forman el río Ayash. En su recorrido está la comunidad del mismo nombre, que utiliza esa agua de buena calidad para su sustento y la agricultura. Era una gran responsabilidad para una mina que pretendía ser de clase mundial. En el EIA inicial se aprobó transportar el mineral por la Carretera Central, era la vía más corta y cruzaba el PNH. Se calculó que pasaría un camión cada seis minutos, lo que supondría un tráfico de 100 camiones diarios con concentrado. A ello se sumarían las unidades de los contratistas, de la maquinaria pesada y de los insumos necesarios para la operación. Esa posibilidad causó controversia y, con el ingreso de Teck y Noranda ENTONCES, CAMISEA ESTABA MÁS AVANZADA EN RECURSOS AMBIENTALES Y GESTIÓN SOCIAL. LA IDEA DEL GRUPO IMPULSOR DE ANTAMINA ERA HACER EL MEJOR TRABAJO DE MINERÍA VISTO ALGUNA VEZ EN EL PERÚ. Espectacular urbanización El Pinar, en medio del maravilloso paisaje de la sierra de Áncash.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2