110 111 pioneros de la minería moderna en el perú “Cuando tomamos la mina éramos 4 o 5. No teníamos oficina en Lima y en Julcani contábamos con apenas 30 o 40 obreros”, recordaba don Alberto en sus memorias. Pero ese primer año apenas había sido el primero de un sinnúmero de desafíos. En la década siguiente, cada vez que la viabilidad futura se ensombrecía bajo los nubarrones de la incertidumbre, Julcani daba una sorpresa con nuevos y pequeños yacimientos que aliviaban la tensión y, si bien no aclaraban por completo el horizonte, le brindaban más recursos y experiencia al equipo para afrontar las adversidades. Cabe recordar que las de Julcani eran vetas chiquitas y caprichosas, que se abrían y estrechaban en pocos metros. Incluso, al abrir los tajos doblaban las carretillas para que éstas pudieran entrar. Pero valía el esfuerzo porque podían sacar por encima de 20 onzas de plata. A un equipo como el de Buenaventura –con un líder que trabajaba apasionadamente 24/7, absolutamente dialogante, enemigo de la imposición, que sabía darle espacio a sus colaboradores para que desplegaran sus tareas, que se ganó el cariño de su gente por el toque esencialmente humano en sus relaciones– le tomaría trece años asentar las bases de una compañía estable. Tan es así que, en 1964, con Buenaventura ya encaminada, Alberto Benavides aceptó el ofrecimiento del propio Robert Koenig, todavía presidente de la Cerro de Pasco, para convertirse en el primer presidente peruano de la filial nacional de la empresa norteamericana. Pero esa ya es otra historia. Un talentoso profesional La pasión de Alberto Benavides por la minería y su relación con la Cerro de Pasco databa de mucho antes. En 1942, había obtenido el título de ingeniero de minas en la Escuela de Ingenieros del Perú y, terminados sus estudios, el joven graduado postuló a una de las dos únicas becas que ofrecía la Cerro de Pasco Corporation, la principal empresa del sector privado desde su arribo al Perú, hacía cuarenta años. Ese mismo año, la otra beca le fue adjudicada a Alfonso Ballón Eguren. Alberto se inscribió por un año en la Facultad de Geología de Harvard, donde impresionó al profesor Louise Caryl Graton, miembro del directorio de la Cerro de Pasco Corporation y que, durante 37 años, formara en esa casa de estudios a los principales geólogos del mundo. Incluso el profesor le consiguió extender la beca por un año más y, además, una práctica complementaria en la New Jersey Zinc Company. Graton ya era entonces una leyenda entre geólogos, mineros y ejercía en privado. Es más, mantuvo una asociación por cerca de 30 años con la Cerro de Pasco como consultor; tan es así que los asesoró en la construcción del túnel que lleva su nombre. Con una longitud de 11.7 kilómetros, el túnel Graton continúa siendo hasta hoy uno de los más largos del mundo. Dicho túnel sirvió para desaguar y dar ventilación a los niveles más bajos de la mina Casapalca, allá por los años sesenta, y hoy es fundamental para el trasvase de aguas hacia el río Rímac desde la vertiente oriental de la cordillera, caudal que contribuye grandemente al abastecimiento de agua potable para Lima. Durante la extensión de su estancia académica, pudo contar con maestros muy destacados en el mundo de la geología de aquella época, como el geólogo Alan Bateman, maestro y editor de la prestigiosa revista ‘Economic Geology’, y Hugh Exton McKinstry, destacado profesional y escritor de varios libros especializados, entre ellos ‘Geología de Minas’, durante décadas considerado el más grande clásico de la especialidad en el mundo. Dos años después, en 1944, ya graduado con un Master en Geología Minera y de camino a Lima, el joven Alberto decidió agradecer personalmente por la beca y visitó las oficinas de la Cerro de Pasco en Nueva York. Para su sorpresa, le ofrecieron un trabajo en la filial peruana con un sueldo de 225 dólares mensuales. “Yo estaba muy emocionado. El trabajo suponía aplicar en Recibiendo la visita del entonces presidente Fernando Belaunde en Cobriza. Don Alberto ya era presidente de la subsidiaria peruana de la Cerro de Pasco. ERA UN LÍDER QUE TRABAJABA 24/7, DIALOGANTE, ENEMIGO DE LA IMPOSICIÓN, QUE LES DABA ESPACIO A SUS COLABORADORES Y QUE SE GANÓ EL CARIÑO POR EL TOQUE HUMANO EN SUS RELACIONES.

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