114 115 pioneros de la minería moderna en el perú rastro y trabajar las vetas angostas, siempre que tuvieran buena ley, es una de las columnas sobre las que construyó su éxito como pionero de la minería nacional. La primera propiedad de Buenaventura La compra de Julcani se realizó a mediados de 1953. Alberto recibió un préstamo a tres años de la propia Cerro de Pasco –que seguía interesada en comprar el bismuto para procesarlo en La Oroya– asegurando así la entrega del mineral e invirtió todos sus ahorros para completar su parte. En esa etapa inicial también se unieron como socios Daniel Olaechea, Fernando Schwalb, Gonzalo Otero, Mario Samamé y Manuel Ulloa. Además sumó a sus hermanos Ismael, Jorge, Rosario y Angelita; y, finalmente, hasta a sus suegros. Ningún accionista tenía el control y, como se puede deducir inmediatamente, la compañía estaba lejos de ser una empresa familiar como erróneamente se ha supuesto siempre. De lo que no cabía duda era de su liderazgo. “Mi padre nunca llegó a poseer el 50% de la compañía, en algún momento llegó hasta el 40% y, hoy día, entre sus hijos y herederos, seguramente tenemos algo así como el 25 por ciento. Pero en la actualidad hay otro 75% que pertenece a fondos de inversión y a individuos que cotizan en el mercado. Por eso nosotros trabajamos cada vez más en la gobernanza (Environmental Social Governance - ESG), en el tema medioambiental y en el tema social”, reafirma Roque Benavides, hoy presidente del directorio de la compañía. En una publicación celebratoria por los 60 años de la empresa, don Alberto resaltó en retrospectiva tres eventos que permitieron el éxito de Julcani y, obviamente, el impulso de Buenaventura. Primero, el nivel técnico alcanzado en metalurgia durante el Tahuantinsuyo, tanto que algunos de sus métodos fueron adoptados por los españoles, por ser más prácticos y eficientes. Julcani no era de las principales minas en esos tiempos, pero seguramente sí un pequeño emprendimiento que contribuía a la Corona, a mucha menor escala que Potosí, Cerro de Pasco, Caylloma o Castrovirreyna. El segundo hecho que destaca don Alberto fue la propia Sociedad Minera Suizo Peruana, propietaria de Julcani, mina de donde se extraía oro y plata de las vetas de Corihuacta y Carnicería y cuyos primeros indicios conducen al siglo XVI. Julcani se siguió trabajando pero con una brecha en el siglo XIX provocada por los movimientos emancipadores y las gestas por la Independencia. Recién a inicios del siglo XX algunas familias mineras nacionales y extranjeras retomaron la exploración y operación de distintas minas de la zona, propiedades que se concentraron más adelante en la familia Vidalón Gandolini, a la que la sociedad le compró Julcani en 1936. El principal promotor de la Sociedad Minera Suizo Peruana fue el suizo Bruno Tschudi, quien decidiría primero la compra a la familia Vidalón y, luego, la venta de la mina a Buenaventura. Incluso, en sus inicios, se animó a participar como importante accionista en el proyecto de los Benavides, tanto que fue presidente de la compañía desde 1956 a 1979, cuando decidió atender exclusivamente su otro negocio, los supermercados Monterrey. Don Alberto nunca dejó de agradecer los consejos y el dinamismo de este hombre de negocios en las dos primeras décadas de la empresa. Si algo impulsó a Tschudi a vender Julcani fue reconocer que tenía excelentes dotes comerciales, pero que la minería le seguía siendo un tanto desconocida. derecha– Vista donde destaca la planta concentradora de Julcani, la mina emblemática de Buenaventura.

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