122 123 pioneros de la minería moderna en el perú Consorcio Energético Huancavelica (CONENHUA). Don Alberto persuadió a Castrovirreyna Compañía Minera, Corporación Minera Castrovirreyna, Compañía Minera Caudalosa y Compañía Minera La Virreyna para unirse en este proyecto. La idea era llevar energía alimentada desde la central hidroeléctrica del Mantaro hacia sus unidades mineras y abastecer también a las poblaciones de la zona que, en ese entonces, dependían de grupos electrógenos que solo funcionaban por las noches y fallaban constantemente. Así como era un insumo vital para las minas, la energía eléctrica era un clamor popular. Ni siquiera en la capital de la región tenían luz. En ese entonces, el responsable de la red de Huancavelica era Luis Barúa Castañeda. En uno de sus viajes, el ingeniero Benavides fue a recibirlo a la estación del Tren Macho y, a su llegada, el funcionario se encontró con una manifestación, letreros y pancartas con esa demanda. Ese hecho gatilló la construcción de la subestación de Friaspata con un financiamiento conjunto de US$ 20 millones entre el BID, la IFC y el Banco Minero. Actualmente, CONENHUA distribuye energía a cinco de las ocho provincias de la región. En convenio con Electroperú, se decidió que la línea de alta tensión tendría 100 km. de longitud, partiendo de Huancavelica y llegando a las provincias de Angaraes, Castrovirreyna y Acobamba donde también operaban las minas de estas empresas. Cincuentaicinco de esas torres se construyeron con material del botadero de Electroperú, al que se le dio una segunda vida útil. La subestación transformadora de Friaspata permitió bajar la tensión de las líneas que pasaban sobre Huancavelica de 220,000 V a 220 V, y así se pudo suministrar energía a los poblados cercanos. La construcción se inició recién en 1983, producto de la crisis económica, y la línea de alta tensión entró en funcionamiento en 1985. De esa manera se satisfizo una necesidad que durante décadas no pudo solucionar el Estado, pues no se había podido justificar económicamente la obra por la baja demanda de energía de la población de la región. Sumando el consumo de las minas cambió ese panorama y la población del departamento tuvo, por fin, la oportunidad de mejorar su calidad de vida con electricidad continua en sus casas. De eso hace menos de cuarenta años. Lo clave de la convivencia Cuando se fundó la compañía el joven matrimonio Benavides Ganoza ya tenía dos hijos, Blanca y Alberto; mientras se negociaba la compra de Julcani nació Mercedes, que a decir de don Alberto no vino con un pan sino “con un panetón bajo el brazo”. Más adelante completarían la familia Roque y Raúl, paradójicamente los únicos hermanos que continuarían ligados profesionalmente a la minería. Raúl estudió ingeniería de minas y Roque ingeniería civil en la Universidad Católica. “A veces me preguntan, ‘¿Y tú ha qué playa ibas de chico?’ ¿Playa? A mí me llevaban a La Oroya o a Julcani. En mi época de niño no había furor por la playa; además a mi mamá nunca le gustó mucho el mar”, recuerda el propio Roque. Luego tuvo la oportunidad de estudiar administración de negocios en la universidad de Oxford, siguiendo una recomendación de su tío Víctor Raúl Haya de la Torre, e ingresó formalmente a la empresa en 1977, como ingeniero de proyectos durante la expansión de la mina Uchucchacua. Se necesitaba construir infraestructura básica, campamentos y una central hidroeléctrica. Por un par de años trabajó allí como asistente del ingeniero Walter Casquín derecha– Don Alberto propició la unión de las mineras de Huancavelica para acceder a electricidad y brindar el servicio a cinco de ocho provincias de la región.

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