152 153 pioneros de la minería moderna en el perú Por ello implementaron planes de desarrollo social y de cuidado ambiental mucho antes de que esas prácticas se hicieran obligatorias para el sector. El campamento de Milpo se convirtió en una pequeña ciudad donde vivían diez mil personas y contaban con colegios, hospital, cinema, iglesia, canchas deportivas, la mercantil, asistencia social y otras facilidades en la que se evidenciaba la transformación en la vida del minero en un tiempo relativamente corto. Milpo se convirtió en una empresa y en un hogar gracias al espíritu que imprimieron sus fundadores. Al mismo tiempo que se producía se cultivaba la amistad, se estimulaba la confianza y se reconocía el aporte de los trabajadores. La característica que más resaltó hacia afuera fue el liderazgo que venía desde arriba y se interiorizaba a través del ejemplo en todos los niveles. “Más que lo que dices, importa lo que haces”, era uno de los rasgos distintivos de su cultura. Otra clave en esos primeros veinte años fue la relación responsable con la comunidad. La mediana minería se hizo con gente que estuvo muy familiarizada con su entorno, pues vivían en la misma zona, se gratificaban con las mismas costumbres o experiencias y sufrían por la abundancia o la escasez de las mismas cosas. Las familias de los colaboradores vivían al lado de la operación y socializaban con los más altos funcionarios y la población. Por esa razón, hasta hace tres décadas las comunidades se alegraban cuando llegaba una empresa minera, pues ésta se conectaba y generaba inclusión social. Las mineras pioneras eran tomadas como vecinos serios y parte de la comunidad, básicamente porque facilitaban el acceso a escuela, caminos, postas y la posibilidad de abastecerse en esas zonas alejadas a través de la mercantil. La relación era directa y humana. Y lo que la hacía fluir era el respeto. Es más, cuando había un problema vecinal, quienes entraban en conflicto buscaban a las autoridades de la empresa en procura de una solución justa. No había imposiciones. Las mineras lo hacían simple y llanamente porque consideraban que era su responsabilidad. Resiliencia, una condición para sobrevivir Tres virtudes fundamentales le permitieron a Milpo superar las crisis generadas por un entorno tan cambiante como el nuestro: siempre fue una empresa cohesionada, austera y luchadora. Por ejemplo, durante el proceso de expropiación de la Cerro de Pasco, se rumoreaba sobre un proyecto similar que comprendería a Milpo y Atacocha. Pese a ello, el directorio inició en 1971 un megaproyecto de ampliación que duplicaría la producción hasta las 1,800 TMD. El directorio estaba compuesto por algunos empresarios cuyas compañías agrícolas habían sido expropiadas y, pese a esas experiencias, acordaron ejecutar la ampliación. Y fue la decisión correcta. Nunca prosperó la expropiación y se pudo avanzar con los planes de crecimiento trazados para el mediano y largo plazo. A esa presión política se sumó la prohibición para importar equipos y tecnología. El cierre de fronteras durante el gobierno militar trabó el proyecto de ampliación de la mina y recién, luego de tres años, se obtuvo la autorización para importar los equipos. Así la empresa se ubicaría en la vanguardia tecnológica. La asesoría internacional y los viajes conectaban a los ingenieros nacionales con lo que sucedía en Canadá o Europa, y les brindaba una visión de lo que podían alcanzar en costos, rendimientos y seguridad. También mejoraron la izquierda– La planta concentradora se fue tecnificando con el tiempo. La norma era que el ambiente estuviera limpio y cada cosa en su lugar. derecha– La molienda era esencial en el procesamiento del mineral.
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