156 157 pioneros de la minería moderna en el perú En ese lustro quebraron y desaparecieron empresas de todos los sectores, pero las compañías que superaron esa ola de terror se volvieron más sólidas y cohesionadas. Milpo fue una de ellas. Cornelio Rivera trabajó en Milpo por 24 años, iniciándose en el almacén y, luego, bajó como obrero a la mina. Durante casi dos décadas integró el Sindicato de Trabajadores de Milpo y en 1971 asumió la secretaría general. Entonces era de los gremios más influyentes y combativos de la sierra central, hasta que en 1974 la relación con la empresa dio un giro significativo. “Varios años antes, el joven Augusto Baertl había llegado como cachimbo y conocía a buena parte de los obreros. Esa familiaridad permitió un cambio notable en la relación, que se consolidó cuando él asumió la Superintendencia de Mina y luego la Subgerencia de Operaciones”, recuerda Rivera. “Lo primero que hizo fue pedirnos que dejáramos de lado la confrontación y nos presentó un proyecto para mecanizar las operaciones y construir la nueva planta concentradora, la más moderna de Sudamérica. Hacer de Milpo la mina más adelantada del centro del país”. No es que los trabajadores hubieran creído ciegamente en el proyecto sino que, por acuerdo de la asamblea, decidieron apostar por los objetivos que les habían presentado. “Nosotros participamos en la inauguración de la planta y con el tiempo alcanzamos mejores utilidades que los trabajadores de otras compañías, que les preguntaban a sus sindicatos por qué los de Milpo teníamos zapatos, mamelucos, kerosene, leña, otras reivindicaciones y ellos no”, recuerda Rivera. Presos de celos, miembros de otros sindicatos se acercaron a averiguar cómo habían logrado todo eso. La respuesta fue simple: “La empresa cumplió”. Por otro lado, las acciones terroristas ocasionaron muertes, severos daños materiales y frecuentes interrupciones del suministro eléctrico. Fueron los propios trabajadores, sus esposas y las comunidades en el área de influencia de la empresa las que defendieron a Milpo de la amenaza de Sendero, levantando un sólido cerco de protección emocional, contemplando sus propias expectativas a futuro. Entonces ya eran conscientes de los esfuerzos que hacía la compañía por brindarles más bienestar. “Al final lo que logramos fue para la siguiente generación y ha servido para que miles de familias tengan un mejor sustento. Nuestros hijos que siguieron en minería ahora reciben buenas utilidades. Seguramente Dios me dio la vida para trabajar en ese proyecto. Cuando descubrí que la clave estaba en armonizar encontré mi camino”, reflexiona hoy el exsindicalista Cornelio Rivera, ya varios años jubilado. La distorsión cambiaria En los ochenta el principal problema de gestión radicaba en el factor financiero. El gobierno mantenía el dólar minero subvaluado. En 1989 la distorsión cambiaria fue de 17%, de 57% a febrero del siguiente año y, finalmente a julio, alcanzó el 68%. Los ingresos por la venta de minerales se cambiaban obligatoriamente a la moneda local –Intis– y los insumos y repuestos se adquirían con dólar libre. Eso asfixiaba la actividad. Además, para sobrevivir a la inflación, la renovación de la deuda se tenía que hacer a diario porque vencía a una semana de plazo y los intereses volaban. Si no lograbas renovar la deuda diariamente, te quedabas sin financiamiento y entrabas en default. La oficina financiera se convirtió en una suerte de mesa de negociaciones. Tenían varios teléfonos y, entre 10 am. y 12:30 pm, debían renovar varias operaciones. Si se caía un crédito o algún banco subía la tasa les complicaba la existencia. No había mediano ni largo plazo, ni siquiera una semana, todo se jugaba al día para sobrevivir. Debido a esa asfixia financiera, a la escasez de divisas y a las dificultades para la importación de insumos y equipos, casi todas las empresas medianas quebraron. Pablo Bustamante había asumido la gerencia financiera de Milpo PRESOS DE CELOS, MIEMBROS DE SINDICATOS DE EMPRESAS VECINAS PREGUNTABAN POR QUÉ EN MILPO TENÍAN ZAPATOS, MAMELUCOS, KEROSENE, ETC. LA RESPUESTA FUE SIMPLE: "LA EMPRESA CUMPLIÓ". En Augusto Baertl primó siempre el ánimo de lograr consensos para transitar por el mismo camino del progreso.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2