164 165 pioneros de la minería moderna en el perú remoto con señal de radio, perforadoras a presión hidráulica de gran tonelaje y voladuras de 20,000 a 30,000 toneladas. Los túneles estaban implementados con cables radiales (que funcionaban como antenas) complementadas con cajas retransmisoras cada cierto tramo, lo que permitió instalar oficinas con computadoras e interconectar en tiempo real todas las operaciones. Todo en búsqueda de la mayor eficiencia. “La tecnología nos permitía una mayor seguridad, porque siempre tuvimos como prioridad la salud de la persona. Lo que descubrimos es que esos mismos criterios de seguridad, brindados en continuas capacitaciones, eran llevados por los colaboradores a sus propias casas”, remata el ingeniero Arce. Una filosofía del bienestar En la práctica, la relación de Milpo con sus trabajadores se basaba en el principio de la buena convivencia. Siempre fue una empresa reconocida por su visión integral de desarrollo, consecuencia directa del liderazgo inspirador y por la búsqueda incesante de la mejora del país. “Hablábamos con los jefes con mucha facilidad y siempre nos otorgaban los recursos”, comenta Luis Alva, quien por casi dos décadas estuvo a cargo de la gestión social. El planeamiento estratégico de Milpo en lo social tenía prioridades muy claras. El propósito era mejorar el nivel de vida de los colaboradores y de sus familias; primero desde lo emocional, buscando que las personas ganasen autoestima a través de actividades que enaltecían sus usos y costumbre. Cuenta la especialista Yudith Espejo que se concentraron en el binomio madre-niño mediante programas de salud materno infantil y de planificación familiar. Padres y madres asumieron más responsabilidad sobre la paternidad y la crianza, disminuyendo los índices de mortalidad y anemia infantil. Formaron familias que pudieron mantener y educar. Del mismo modo, los huertos escolares se convirtieron en huertos familiares. Producían humus para fertilizar la tierra y cosechaban legumbres. Algunos habían llegado con animales que acorralaban alrededor de sus casas, contraviniendo la ley de minería que prohibía su crianza. Los huertos reemplazaron a los chiqueros y se convirtieron en un orgullo familiar, pues cultivaron 27 tipos de hortalizas, se entregaron semillas de papa y se apoyó con proyectos similares a 13 comunidades aledañas. Como complemento, las señoras tomaron clases de cocina, cuyos potajes llevaban para degustar en casa, promoviendo el sentimiento de comunidad en los trabajadores. Pero lo más importante es que esos hogares cambiaron su dieta original por una más nutritiva y saludable. Además, para que pudieran tener más ingresos, se les capacitó en la confección de uniformes escolares (el colegio tenía más de 1,500 alumnos), para médicos, enfermeros, etc. La empresa compró 16 telares, dinero que se repuso con la venta de los productos que compraba la propia mina. La mayoría eran mujeres pero había participación familiar. Más adelante vendieron sus prendas, mantas, pañolones, cubrecamas, manteles y tapices a Atacocha, Cerro de Pasco y a otras localidades aledañas. Incluso algunas familias se instalaron después en Chosica o Lima apostando por ese negocio. derecha– Los huertos familiares propiciaron un cambio saludable en la alimentación de las familias trabajadoras. izquierda– En La Candelaria, Rayhuán y otras unidades se implementaron proyectos de arborización y reforestación.

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