168 169 pioneros de la minería moderna en el perú Y eso provoca una reflexión. En la actividad minera actual se respira un espíritu de industria pero, lamentablemente, no un espíritu de equipo. Muchas empresas mineras son ahora corporaciones distanciadas de su entorno. Resulta urgente cerrar esa brecha para volver a conectar con las comunidades y con sus grupos de interés de una manera más directa. Las mineras necesitan reconectar con su entorno y el espíritu de país. La vocación de crecer y trascender Don Augusto resalta que sus hermanos mayores vivieron en Colquijirca compartiendo aula con los chicos de la comunidad, jugando, estableciendo una relación personal con la gente más humilde. Recuerda a su padre saliendo cada quince días en un recorrido por las minas de Carahuacra, Ticlio, Pacococha; luego a su hermano siguiendo esos pasos en la sierra central y, finalmente, su propio caso, pues vivió con su señora y sus dos primeros hijos en Mahr Túnel, Milpo y Castrovirreyna. Además, como representante de Milpo en el Comité Cerro de Pasco–Huancavelica de la Sociedad de Minería, promovió el desarrollo de minas en esos departamentos. “Todo el tiempo hacíamos alianzas, complementábamos esfuerzos y compartíamos información. Si alguien me preguntara, le diría que toda esa zona era mi casa”. Ese es el liderazgo en el que confía don Augusto. Así pudo mantener un equipo humano comprometido con sacar adelante Milpo. Esa cercanía y transparencia estableció fuertes relaciones con su equipo, el sindicato y la comunidad cuando asumió el timón de la empresa. Aplicó día a día de los pioneros de la minería tres principios irrevocables: un liderazgo inspirador, un equipo cohesionado y un gran compromiso con su entorno y su país. Esa filosofía fue decisiva cuando se produjeron los cambios de los años noventa. El gobierno de Alberto Fujimori implementó una economía de mercado, desapareciendo todo atisbo de estatización, se liberaron los precios, se abrieron las fronteras a la inversión extranjera y a la importación de tecnología. Después del inminente shock, recuerda Augusto Baertl, “era increíble ver cómo bajaron los costos y los explosivos hasta en 80%. Con una inflación controlada desaparecieron los elevados costos financieros y descubrimos que teníamos margen para trabajar con minerales de más baja ley. El libre mercado nos llevó a mecanizar y a buscar mayor productividad por trabajador u hora/hombre”. Ese momento se tornó estratégico para el trabajo gremial. Había dos caminos posibles: seguir con la farra fiscal y el colapso de nuestra sociedad o trabajar para enderezar el rumbo. “En esa época hicimos un proyecto de ley para generar el canon minero. El ingeniero Rómulo Mucho era congresista y, gracias a la credibilidad construida con los gremios, con la comunidad minera y los sindicatos pudimos sacar, en consenso, ese proyecto y otros”, rememora don Augusto, que entonces era presidente de la Sociedad de Minería. No se trataba solo de una crisis económica, era tan profunda en todos los niveles que no quedó otra que buscar soluciones vía consensos. Siendo el ministro del sector Jaime Yoshiyama se estableció un canal de comunicación para rescatar el país. Participaron activamente, entre otros, José Miguel Morales, Enrique Lastres y Hans Flury por la Sociedad de Minería. De esos esfuerzos provino la Ley de Promoción de la Minería de 1992, que permitió un nuevo auge del sector. La coincidencia entre los objetivos de la Sociedad y del gobierno de entonces, para promover la inversión privada, se materializó en el sector minero a través de ese nuevo código normativo. “En los primeros años de Fujimori, el gobierno reunió un conjunto de destacados empresarios de primerísimo nivel”, recuerda el propio Baertl. Con esa nueva normativa Milpo decidió abrirse al mundo y poner en valor los proyectos explorados en la década anterior, que demandaban gran inversión y solo podrían hacerse realidad con capitales extranjeros. En 1992 tomaron LAS COMPAÑÍAS PIONERAS DE LA MINERÍA PERUANA YA TRABAJABAN CON TRES PRINCIPIOS IRREVOCABLES: UN LIDERAZGO INSPIRADOR, UN EQUIPO COHESIONADO Y UN GRAN COMPROMISO CON EL PAÍS. La apertura económica y la normativa promotora del sector, en los noventa, permitieron que nuestra minería estuviera preparada para el boom de la década siguiente.
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