178 179 pioneros de la minería moderna en el perú Por un tiempo lo dirigieron él y su hermano Juan Efraín. Años más tarde David vendió su parte a su hermano y a sus sobrinos, que ya eran adultos, y decidió concentrarse a tiempo completo en sus tareas profesionales ligadas a la minería. A sus 23 años, ya se podía afirmar que su paso por la universidad no había sido anodino. Allí, además de demostrar que era un estupendo alumno, se convirtió en un líder estudiantil querido y solidario. Justamente en las aulas de la UNI entabló una estrecha amistad con el profesor que más influyó en su formación profesional, el maestro Mario Samamé Boggio, mentor de varias generaciones de destacados profesionales mineros y cabeza del equipo creador del Código de Minería de 1950. El propio Samamé Boggio, haciendo alusión al joven Ballón, diría “está demostrado que el mejor alumno y el líder estudiantil no eran incompatibles”. Tal fue la precodidad del futuro ingeniero que iniciaría sus prácticas profesionales con su admirado maestro en distintos asentamientos mineros de nuestra serranía. En ese trance se embarcaría en intensos recorridos por comunidades ubicadas en los rincones más alejados del país. Sus inicios como ingeniero ya lo ubican en la Compañía Minera Milpo, empresa a la que se incorporó en 1954 prácticamente como ‘cachimbo’ y adonde llegó, finalmente, a ocupar el sillón de Superintendente General entre 1963 y 1968; vale decir, el número uno residente en mina. “Varias veces entramos a supervisar las labores juntos. Fui parte de un grupo de ocho practicantes a quienes él se dedicaba mucho. Nos organizó un stage muy bien estructurado en el que pasábamos cada diez días por diferentes labores como ayudante de perforista, de enmaderador, en el departamento de topografía y geología, en la planta concentradora y así, en cada turno, nos exigía que le presentásemos un informe”, recuerda el ingeniero Augusto Baertl que, en aquellos días, aún no se había graduado. No solo compartió con él y la plana mayor de Milpo el ambiente de camaradería en la mina y las reuniones sociales de los ingenieros en el hotel, sino que le impresionó mucho su búsqueda constante por la innovación. Tan es así que al año siguiente conversó con él en reiteradas ocasiones para elaborar su tesis de grado, un análisis muy completo sobre cómo conducir a Milpo hacia una mayor productividad y eficiencia. En esa tesis, el joven Augusto promovía la utilización por parte de la empresa de sistemas de flotación masivos y de equipos más sofisticados en las labores de producción, temas en los que pudo profundizar gracias al apoyo del ingeniero Ballón, del que, a decir suyo, aprendió mucho. “De David, a quien estimé y quise muchísimo, hay que destacar su gran espíritu emprendedor. Su búsqueda por desarrollar nuevas aventuras como en Katanga o Santander, por un lado, su iniciativa y su espíritu innovador permanente. Pero también que como funcionario público asumió un fuerte liderazgo en la industria, convocando a las empresas para tratar temas sobre políticas sectoriales”, recuerda el propio Baertl. izquierda– Carmela, la madre de David, y Genaro, el padre (con sombrero), en la hacienda familiar La Victoria, ubicada en Alambrana, Apurímac. Derecha– Fue alumno destacado de Mario Samamé Boggio, a quien el propio David consideró siempre como su mentor.
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