182 183 pioneros de la minería moderna en el perú sido cursada por la propietaria Mitsui Mining para celebrar la inauguración de la planta. En un acto simbólico, la pequeña delegación fue recibida en autos adornados con la bandera japonesa y peruana, mientras que los trabajadores nipones vestían ropa de faena, con los característicos pantalones metidos en las botas. Todo era una demostración de disciplina casi marcial. Como recuerdo de aquella feliz tarde se acuñó una placa en la que figura el nombre del ingeniero Ballón rememorando esa visita. Lejos estaba de imaginar, entonces, que años después les compraría la mina a los japoneses. En esa época David Ballón no tenía un gran capital, pero aceptó comprar Katanga y también negociar con los hacendados vecinos la compra de algunas propiedades alrededor, pese a que esos mismos propietarios no habían podido llegar a un acuerdo pese a la insistencia de los japoneses. Tal era su poder de convencimiento y transparencia. Años después de su reencuentro en el túnel del valle del Mantaro, el ingeniero Yataco no dudó de acceder al llamado del ingeniero Ballón para que trabajara en la mina Katanga, cuando se hizo definitivamente de esa propiedad. Se trataba de una mina de óxidos de cobre y, de alguna manera, experimental para los japoneses, pues calentaban el concentrado en un horno para hacer flotar los sulfuros. Los resultados eran buenos pero el procedimiento era muy caro. Cuando la compró, los japoneses le habían calculado a la mina apenas seis meses más de producción. Gracias a la pequeña cantidad de oro hallado en el mineral, el ingeniero Ballón continuó haciendo producir la mina por cuatro años, manteniendo estable el negocio. “Él era una persona que aceptaba todos los retos. Al lado de esa mina encontramos un par de áreas de prospección y me dijo que ese era el futuro para quien tuviera dinero cuando subiera el precio del cobre: San José y María Reina. Era un visionario. Actualmente una de esas minas ya está produciendo y la otra en pleno desarrollo bajo el paraguas de Hudbay”, reafirma el ingeniero Yataco. En ese proyecto, las relaciones con las comunidades vecinas nunca habían sido fáciles; tanto que, cuando llegó el equipo del ingeniero en reemplazo de los japoneses, el propio sindicato y los dirigentes estaban ansiosos por saber qué beneficios iban a lograr como consecuencia de esa compra. Como manifestación de su ansiedad, los comuneros rodearon al ingeniero en su propia oficina y le hicieron saber que nadie saldría de esa habitación hasta que llagasen a un acuerdo. Se encerraron sin permitir siquiera que hubiera cuartos intermedios. Después de una dura pero productiva negociación, la contraparte le pidió a don David que diera el discurso de bienvenida frente a la comunidad. Y al final resultó ser una gran idea. Todo margen de duda se disipó en la comunidad cuando el ingeniero Ballón se paró –flanqueado por el sindicato y los dirigentes comunales– y les dio un sentido y empático discurso de bienvenida en quechua. De allí en adelante se facilitó la relación, tanto que en virtud de esa comunicación inicial, más adelante se pudieron mejorar sin problemas el trazo de la carretera y el camino entre la mina y Arequipa atravesando terrenos de la propia comunidad. Años después, el mineral saldría embarcado desde el puerto de Matarani. Su origen andino, su gran don de gentes, el conocimiento de su profesión y el cumplimiento de su palabra influirían desde el inicio de su labor en su relación con las comunidades y, a partir de entonces, se puede decir que esas virtudes y formas fueron las claves que le permitieron tener éxito en su carrera como minero. Ya mirando a la distancia, su hijo Carlos reflexiona sobre el rol de la minería en las comunidades donde la industria desarrolla su labor. “Lo que siempre pienso es en la importancia de que las empresas no pierdan el toque personal con las comunidades. A veces se torna un poco frío. Hay frialdad. Yo siento que debe crearse ambientes o espacios donde se estimule ese toque personal. Antes se hacían pachamancas para socializar con las cuarenta familias de la mina. Hoy ya no hay contacto familiar, todo es de índole ‘más profesional’. El matrimonio Ballón Barraza tuvo activa vida social en la sierra y disfrutaba de las fiestas y tradiciones locales, como ésta en Cerro de Pasco. TODO MARGEN DE DUDA SE DISIPÓ CUANDO EL INGENIERO BALLÓN SE PARÓ AL FRENTE –FLANQUEADO POR EL SINDICATO Y LOS DIRIGENTES– Y LES DIO UN SENTIDO DISCURSO DE BIENVENIDA EN QUECHUA.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2