36 37 pioneros de la minería moderna en el perú Por su importancia económica, Cerro de Pasco se convirtió en la capital de la provincia de Pasco, ubicada en la meseta del Bombón, una de las zonas altiplánicas de la Cordillera de Los Andes que se eleva a 4,380 msnm. en la zona de Yanacancha. Desde antes de la Colonia, esta región inclemente por su clima y geografía se caracterizó por sus generosos yacimientos de plata, cobre, zinc y plomo, comparables a las minas de México y de Potosí, en Bolivia, durante el siglo XVIII. A fines del siglo XIX, una de las primeras estrategias del gobierno de don Remigio Morales Bermúdez, tres meses después de iniciado su mandato, fue la de estimular el desarrollo de la minería dotándola de un marco legal que promoviera la explotación de nuestros recursos. Con ese propósito, el 8 de noviembre de 1890 se exoneró a la industria minera por 25 años de todo tributo, salvo por la contribución, canon o patente de minería, vigente desde el 12 de enero de 1877, y que refería a la vigencia o caducidad de la propiedad. Desde entonces, históricamente, la minería ha sido protagónica en los proyectos de recuperación, salud económica y desarrollo nacional. Pero algunos otros hechos contribuirían a la consolidación futura del sector minero, como la creación de la Escuela de Ingenieros. El nombre inicial de esta universidad fue “Escuela de constructores civiles y de minas de Lima”, fundada por el ingeniero polaco Eduardo de Habich en 1876. En ese entonces el Perú fuera de Lima era lo más parecido a una villa y los tiempos exigían la construcción de puentes, carreteras, ferrocarriles y nuevos métodos y tecnologías para hacer más eficiente la extracción minera, con el fin de modernizar y hacer posible la industrialización del país. Obviamente el promotor de todos esos esfuerzos era un Estado acostumbrado a contratar empresas e ingenieros extranjeros para la construcción de la gran infraestructura y, acaso, a algunos nacionales con estudios en el exterior. Pese a haber iniciado las clases algunos días antes, la Escuela se inauguró oficialmente el 23 de julio en la Casona de San Marcos. Por otro lado, el 22 de mayo de 1896, la Sociedad Nacional de Minería fue reconocida con un Decreto Supremo del gobierno de Nicolás de Piérola. El gremio nació de la escisión de la antigua Sociedad de Agricultura y Minería en tres sociedades diferentes: Minería, Agricultura e Industrias. Ese mismo año se creó el Ministerio de Fomento y Obras Públicas, encabezado por el liberal Eduardo López de Romaña, un ingeniero con estudios en Inglaterra especializado en la construcción de puentes de ferrocarril. Su propósito fue el de reactivar las inversiones en los distintos sectores productivos en base a la construcción de infraestructura. Uno de los primeros encargos de este flamante ministerio a la Sociedad Nacional de Minería fue la elaboración de un proyecto de Código de Minería que ordenara y le diera coherencia a la dispersa normatividad sobre el sector. El Código establecía que la propiedad minera legalmente adquirida era irrevocable y perpetua, como sucedía con cualquier otra propiedad, con la sola condición de que cumpliese con el pago del canon y treinta soles al año para asegurar el derecho a la pertenencia. Del mismo modo, las maquinarias, herramientas e insumos para el desarrollo de la actividad quedaron exentas del pago de derechos aduaneros. Este nuevo marco legal promovió en distintas zonas del país, especialmente en Cerro de Pasco, la inversión extranjera y desencadenó una búsqueda apasionada de nuevas vetas y denuncios ante la inminente llegada del capital foráneo. En ese sentido, fue también fundamental que se pusiera en operación el Ferrocarril Central Andino en 1893, un tren que unía el Callao, Lima y La Oroya, un despoblado cruce de caminos a 222 kilómetros del mar y, prácticamente, a una distancia equidistante entre Huancayo y Cerro de Pasco. Otro hecho que impulsó la reactivación de la minería en la sierra central fue la voluntad política de solucionar un viejo problema. Desde 1865 muchas de las minas de la región habían quedado inundadas, por lo que se hacía imposible derecha– Entonces eran comunes las casas de piedra, de madera y con techos de paja. También el curso de asequias en medio de las calles.
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