Cuando una empresa minera formal ingresa a un nuevo territorio, se produce un cambio drástico en las dinámicas sociales y económicas de las comunidades adyacentes. Generalmente, estas poblaciones están localizadas en la sierra andina, lejos de las grandes ciudades, y arrastran por décadas una sensación de abandono debido a su escaso desarrollo económico y la ineficiente presencia del Estado. Sus municipalidades y autoridades locales, usualmente con competencias muy limitadas y serios déficit de gestión, no logran hacer frente a las enormes carencidades. En ese sentido, la presencia de la empresa desencadena un contraste inevitable pero muy agudo: el vertiginoso crecimiento de la economía moderna que se desarrolla en las ciudades próximas a los proyectos, en contraposición a la economía del medio rural, ligada a la pequeña agricultura y ganadería tradicional.