

Así lo recordó recientemente el canciller Carlos Pareja al señalar que la minería representa alrededor del 11% de la economía nacional y cerca del 67% de las exportaciones peruanas. Además, el Perú mantiene una posición destacada como productor mundial de cobre, zinc, plata, oro, molibdeno y otros minerales fundamentales para atender la creciente demanda global.
Estas cifras confirman algo que muchas veces olvidamos en el debate público: la minería no es únicamente una actividad económica. Es una herramienta de desarrollo que genera empleo, impulsa inversiones, financia infraestructura y aporta recursos para reducir brechas sociales en distintas regiones del país.
Sin embargo, tener recursos no garantiza el éxito. El verdadero desafío consiste en crear las condiciones para aprovechar esta oportunidad de manera responsable y sostenible.
En este contexto, resulta particularmente interesante observar lo que ocurre con la minería artesanal y de pequeña escala a nivel mundial. Según el Consejo Mundial del Oro, este segmento ya representa entre el 20% y el 25% de la producción global de oro. Este crecimiento responde, en gran medida, al incremento sostenido del precio internacional del metal y a una mayor demanda de inversión.
Se trata de una realidad que no puede ser ignorada. La minería artesanal forma parte del ecosistema minero mundial y en países como el Perú involucra a miles de familias. El reto consiste en lograr que esta actividad se desarrolle bajo estándares adecuados de seguridad, protección ambiental y legalidad. El país necesita construir mecanismos que permitan integrar a quienes buscan trabajar dentro de la ley y, al mismo tiempo, aislar y combatir a quienes utilizan esta actividad como fachada para operaciones ilegales.
Pero quizá el tema que merece mayor reflexión en el contexto actual es el debate que empieza a surgir alrededor de algunas propuestas electorales vinculadas al sector minero. La discusión democrática es saludable y necesaria. Sin embargo, cualquier propuesta que involucre cambios tributarios, modificaciones regulatorias o nuevas cargas para la actividad minera debe ser evaluada con rigurosidad técnica y visión de largo plazo.
La minería es una industria global. Los capitales, la tecnología y las inversiones se dirigen hacia aquellos países que ofrecen estabilidad, predictibilidad y reglas claras. En un momento en que el mundo necesita más minerales y el Perú cuenta con ventajas geológicas extraordinarias, sería un error enviar señales que debiliten nuestra competitividad frente a otros productores que avanzan agresivamente para captar nuevas inversiones.
Hoy la discusión no debería centrarse en cómo limitar el desarrollo de la minería, sino en cómo lograr que sus beneficios lleguen más rápido y de manera más eficiente a la población. El desafío está en mejorar la gestión pública, cerrar brechas sociales, fortalecer las instituciones y generar confianza entre el Estado, las empresas y las comunidades.
El Perú tiene todo para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la nueva economía minera mundial. Tenemos recursos, experiencia, talento y una posición geológica privilegiada. Lo que necesitamos ahora son decisiones responsables que permitan transformar ese potencial en desarrollo sostenible para millones de peruanos.
Desde el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú seguiremos promoviendo un debate técnico, informado y constructivo. Porque el desafío ya no es descubrir minerales. El desafío es aprovechar, con responsabilidad y visión de futuro, la oportunidad que el mundo nos está ofreciendo.